Esta mañana me ha preguntado una de mis mentoras durante mis prácticas en Canal Sur Radio que cómo estoy. Y me ha salido decirle que muy bien. El Gobierno quiere robar a las hormiguitas, recortar en transplantes y yo, probablemente, me quede sin beca, pero aquí seguimos.
Cada noche duermo con la persona que más admiro en este mundo, gano suficiente para poder comer macarrones con atún y tomate menos de tres días a la semana, y mi familia me permite el lujo de cursar un máster que incluso me deja alguna hora libre para mirar una pantalla sin más pretensiones que ésa.
Hay gente que está muy jodida. No me refiero a esas pobres almas que, cada mañana, cuentan su caso en el maldito Diario de la crisis de la Ser y, sin quererlo, fomentan la cultura del no me puedo quejar, podría estar peor. Hablo de esas personas que han encontrado en el contexto social la excusa perfecta para renunciar a lo que tienen. Pero también hay luchadores.
Tengo mis reglas psicológicas, pero en contra de lo que decía Edith Piaf, los hombres también tenemos derecho a llorar. Es la forma que tenemos los felices de decir que no nos gusta estar tristes. Pero, por ahora, puedo decir que se me da bien vivir. No es que tenga mucha intención de morirme, pero si tienen que atropellarme al cruzar la calle, ahora sería un buen momento.
Cada mañana me cruzo con un padre y sus hijos; yo rumbo al trabajo, ellos camino del colegio. Los críos, niño y niña, no superarán los ocho años. Su progenitor, cuyo parecido con el actor Dominic Monaghan me resulta evidente, quizá los vio nacer cuando rondaba la edad que tengo yo ahora. Y los tres llaman la atención por dos cosas: por su físico -todos rubios y de ojos azules- y porque el padre les va cantando siempre en una lengua extranjera.
No acierto a identificar en qué idioma lo hace, pero a tenor de la sonrisa con la que van llenando la calle desde bien temprano, los menores parecen disfrutar de la canción. Pero no son los únicos. Ya de vuelta a casa, otro padre -éste clavadito al civeractivista Julian Assange- va hablándole en otro idioma a su hija, un poco mayor que los pequeños de Charlie de Perdidos. En este caso ni cantan ni brincan, pero la fórmula que utilizan para contarse el día es un tanto curiosa: el padre pregunta en inglés, y la niña le responde en un castellano muy sevillano.
Me pregunto qué canción me llevaría para que mis hijos tuvieran un buen recuerdo de España.
«Ante todo, un aviso a los periodistas ingleses de izquierdas y a los intelectuales en general: recuerden que la deshonestidad y la cobardía siempre se pagan. No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución».
George Orwell, “As I please”, Tribune, 1 de septiembre de 1944.
Empecé a escribir en blogs en julio de 2005, cuando escribía ti con tilde, citaba a Paulo Coelho y me hallaba inmerso en una época bastante emo de mi vida. Muestra de ello fue el nombre elegido para mi primera bitácora, hoy por suerte ya desaparecida: Nario’s dreams. Por desgracia, poco después continuaría poniendo acentos gráficos donde no debía desde Fotolog. Y de eso hace ya seis años.
Ya sea por fortuna o por falta de ella, lo cierto es que tanto estas experiencias, como la de la fallecida Nario.es, han acabado dejando huella en Internet de lo que he sido en cada momento. Todo ello ha dado lugar a lo que, desde abril de 2011, es ya mi definitiva bitácora personal: JuanBlan.co. El balance es bueno: dejé de escribir tí, y ni por asomo pretendo ser ya un guerrero de la luz.
No puedo evitar sentir cierta desazón al comprobar cómo muchos de mis compañeros de promoción, que en su día abrieron con ilusión sus ventanas al mundo, hoy dejan correr el aire por ellas mientras todo se llena de polvo. Me he encontrado con blogs abandonados nada más nacer, y otros que apenas duraron un par de años. Pero los hay quienes, de un mes para otro, todavía siguen publicando. Y eso les honra.
Tanto a unos como a otros, os invito a volver a formar parte de mi cliente RSS. Ya seáis hijos pródigos o regulares en esto de los blogs, no olvidéis dejar la dirección de vuestro hogar digital aquí debajo, en los comentarios. En cuanto pueda pasaré a haceros una visita. La parte mala es que no podré llevar vino. La buena, que tampoco os molestaré hasta tarde.
Yo hice la fianza en 2008 y mi arrendador no la pasó por la Junta. En la declaración se me aplicó la deducción (la hice en las propias oficinas de la Agencia Tributaria) y ahora me la han revisado y me reclaman que lo justifique o me toca pagar… no tiene sentido nada.
Hacienda considera que la información de la web de Fomento y Vivienda “no es vinculante”, y esta última, que no es de su competencia, sino de la Consejería de Hacienda y Administración Pública. Y para allanarme la batalla a la que me derivan contra el fisco andaluz, la respuesta viene cargada de joyas:
Por otra parte, comentarle que la información a la que vd alude y que se contenía en nuestra página web, hoy inexistente, aunque el último párrafo relativo a relaciones con la Hacienda Pública pudo inducirle a error, también es cierta la claridad absoluta del párrafo anterior, que literalmente exponía la siguiente obligación de la persona arrendataria: ” … tienes que acreditar la constitución del deposito obligatorio de la fianza y tener un contrato de arrendamiento legal en el que aparezcas como titular o cotitular del mismo ……….. ”
Dirección general de Vivienda de la Consejería de Fomento y Vivienda
No sólo faltan a la verdad al decir que la información es “hoy inexistente” -algo comprobable al alcance de un clic-, sino que reconocen que el párrafo puede inducir a error. Y para colmo, pecan del mismo fallo que Hacienda en su respuesta: interpretan que es el arrendatario quien tiene que demostrar que un tercero está cumpliendo con sus obligaciones fiscales para poder aplicarse la deducción. Ciudadanos ejerciendo de policías fiscales.
Ésta, en concreto, porque en vez de pedirte que si no acreditas lo de la fianza, acredites la relación contractual por otro medio, es un engaño: le impone al arrendatario que “acredite” una obligación de un tercero, el arrendador. ¿Y si el arrendador no quiere? ¿Cual es el hecho determinante, la fianza, o que yo pago un alquiler por una vivienda?
No deja de ser sorprendente que Hacienda reconozca que “sea el arrendador el obligado al depósito” de la fianza y, sin embargo, corresponda al arrendatario “asegurarse del cumplimiento de todos los requisitos para la aplicación de la deducción”. Esta labor, más propia de la policía fiscal o de los técnicos de la Agencia Tributaria, se le atribuye de esta manera al declarante porque “és (sic) este último el beneficiario del posible beneficio (sic) fiscal”.
Esta situación tan rocambolesca, en la que son los contribuyentes los que han de velar porque terceros cumplan con la ley para poder beneficiarse de la misma, sería equiparable a que un recién desempleado no pudiera cobrar el subsidio por no haber demostrado que el empresario esté al corriente en el pago de sus cuotas de la Seguridad Social.
La propia Junta de Andalucía en la redacción de este apartado opta por el impersonal “Que se acredite [...]“, mientras los siguientes c. y d. arrancan con la formulación “Que el contribuyente [...]” y precisan claramente cuál es la parte obligada a acreditar. En tal caso, la responsabilidad subsidiaria debe correr por cuenta de la Administración, que es la que, por lógica, debe velar por el cumplimiento de la normativa.
Ahora la pelota está en el tejado de la Consejería de Fomento y Vivienda. La Junta ahora tiene dos opciones: demostrar a Hacienda que está equivocada y resarcir así a los numerosos perjudicados por esta incidencia, o corregir la información de su web y reconocer haber inducido a error a muchos jóvenes andaluces que, como este periodista, nos guiamos por su información a la hora de presentar nuestra declaración anual del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).
Porque a la administración andaluza no le conviene olvidar que el artículo 4 del Decreto 204/1995, de 29 de agosto, establece que la información que facilite debe ser “clara y sucinta”, suministrada “por el medio más claro para su comprensión” y que, sobre todo, “no originará derechos ni expectativas de derecho”.
Ningún medio de comunicación pretende salir de la crisis económica despidiendo a 129 personas, como ningún país busca hacer lo propio facilitando el despido. Tanto el empresario, en el primer caso, como el gobernante en el segundo, saben bien que los motores no funcionan sin combustible, y que los motivos reales para poner palos en las ruedas son bien distintos de los de seguir adelante.
El Paísfue el periódico de la Transición, y ahora que cada vez son menos los que cuestionan que fue nuestra entrada a la democracia fue completamente deficitaria, parece que sus propietarios han optado por tirar la toalla y dejar de defender el proceso post franquista a su manera: dejando que el periódico muera por inanición. Lo siento enormemente por los compañeros despedidos. Mucho me temo no serán los únicos. No se trata de una nueva transición, en este caso, al formato digital. Prisa hace mucho que dejó de creer en su buque insignia.
Ahora sólo queda que seamos los ciudadanos los que tomemos conciencia de la gravedad de la situación y nos lancemos a forjar un verdadero sistema de convivencia, esta vez sin trucos. La muerte anunciada de El País atestigua el pinchazo de la burbuja de una Transición que nunca lo fue del todo. Gracias a sus periodistas por dejar por escrito este pedazo de historia. Nos toca escribir la nuestra, y necesitamos de vuestra perspectiva para hacerlo. Si os dejan. El Nuevo País suena bien.
“Dado que es el propietario de la vivienda quien debe depositar la fianza en un órgano competente y entregarte un certificado que acredite su cumplimiento, de no hacerlo podrás igualmente beneficiarte de la deducción que te corresponda”.
Éste es el mensaje por el que muchos jóvenes andaluces como este periodista nos guiamos en su día a la hora de presentar nuestra declaración anual del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Ahora, algunos de los que confiamos en esta recomendación de toda una institución andaluza nos encontramos con la desagradable sorpresa de recibir un requerimiento de la Agencia Tributaria en el que se nos exige la acreditación del depósito obligatorio de la fianza al que se refiere el artículo 36 de la Ley 29/1994, de 24 de noviembre, de Arrendamientos Urbanos. ”Declárala a Hacienda“, aconseja todavía la web de la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía.
”A la celebración del contrato será obligatoria la exigencia y prestación de fianza en metálico, en cantidad equivalente a una mensualidad de renta en el arrendamiento de viviendas y de dos en el arrendamiento para uso distinto del de vivienda”.
“Nosotros sólo podemos aplicar la ley”, justifican desde la delegación territorial de Hacienda en Sevilla. Pero la normativa autonómica que concreta ese acto de depósito de fianza señala que están obligados a constituir el depósito correspondiente “los arrendadores de fincas urbanas que se destinen a vivienda o a usos distintos del de vivienda”, y no los arrendatarios. “La ley es contradictoria”, reconocen los funcionarios de la sede hispalense, “pero me temo que te van a descontar la parte correspondiente de la devolución”.
“Están obligados a constituir el depósito correspondiente: a) Los arrendadores de fincas urbanas que se destinen a vivienda o a usos distintos del de vivienda. b) Las entidades suministradoras de los servicios de agua, gas y electricidad”.
Ante esto, lo único que nos queda a los perjudicados es la opción de formular nuestras alegaciones y denunciar esta situación ante el registro oficial de la Agencia Tributaria. De obtener una respuesta negativa o no satisfactoria, siempre se puede tramitar una denuncia administrativa ante la propia Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta, acudir al Defensor del Contribuyente, o incluso al del Pueblo Andaluz. Y, por supuesto, no dejar pasar por alto la denuncia pública.
Modelo de respuesta a requerimiento de acreditación de depósito de fianza (ODT/DOCX)
Ocurrió el pasado 27 de septiembre. El mismo día en que El Correo anunciaba un nuevo y fatídico ERE, la Facultad de Comunicación de la universidad que se jacta de no enviar a sus alumnos a empresas malas publicaba la lista de alumnos admitidos en prácticas. A estas alturas de la historia, huelga decir que al menos uno de ellos iba destinado a la cabecera hispalense. Poco después, el propio comité de empresa del periódico lo confirmaba.
¿Imaginan un albañil sin palustre? ¿O un pintor sin brocha? Difícilmente podrían desempeñar su labor estos profesionales sin sus herramientas más elementales. Entonces, ¿por qué a los periodistas se nos priva constantemente de uno de nuestros útiles más necesarios?
Cada viernes viene teniendo lugar en España un evento en el que se anuncian algunos de los mayores recortes de derechos y retrocesos de nuestra historia: la rueda de prensa del Consejo de Ministros.
Este encuentro semanal entre políticos y periodistas transcurre de la siguiente manera: los primeros exponen las decisiones que han tomado, y los segundos se limitan a recogerlas para después transmitírselas a la ciudadanía.
Algunos de estos últimos, a veces, tienen la suerte de preguntar por las causas o las consecuencias de estas medidas. Preguntar. Sólo preguntar. Lo que no significa que tengan el derecho a obtener una respuesta. Y si no, observen:
Los elegidos aprovechan su limitado turno para intentar lanzar el mayor número de preguntas posible. El político en cuestión las escucha con atención, las anota, e incluso pide que le repitan alguna que no ha oído de forma adecuada. Pero, ¿y del otro lado?
Pues, en cuanto un periodista termina de lanzar su perorata, llega un responsable de prensa y le quita el micro. Con sólo este gesto, tan habitual en este tipo de ruedas de prensa masificadas, despojan al plumilla de uno de los recursos más preciados en la profesión: la posibilidad de repreguntar.
No es un gesto inocente. No se trata de dinamizar la interlocución con un auditorio plagado de reporteros. Es, en realidad, la mejor forma de que un responsable público responda lo que le dé la gana, independientemente del contenido de las preguntas.
Pero no en todas partes cuecen habas. Hace unos meses, el periodista irlandés Vincent Browne se enfrentaba a una bestia un tanto más grandeque los protagonistas de nuestros consejos de ministros: Klaus Masuch, representante del Banco Central Europeo. Y como la bestia se andaba por las ramas, le espetó lo siguiente:
“Tenemos la tradición en el periodismo irlandés de perseguir los temas, y cuando una persona no contesta, insistimos en ello. Y espero que la tradición sea respetada en esta ocasión. Así que, ¿puedes responder a la pregunta?”