Ganas no les faltan a los contertulios de sacar del abismo a todos y cada uno de los consumidores que aún reniegan de su patología. Pero no pueden. No está permitido. «Lo lógico sería decir bueno, hacemos publicidad», explica Carlos. «No podemos hacer promoción, sino atracción». Tiene que salir de ellos. Todo se debe al anonimato de una comunidad que ya desde su denominación alberga este carácter, que impregna también a las agrupaciones organizadas. «Si yo me autopromociono, la experiencia me dice que volveré a…
Hasta aquí, bien pudiera estar yo hablando de Anonymous, el Movimiento 15M o la misma Democracia Real Ya, con quienes colaboro desde hace un par de semanas. Pero no. El texto que ahora saco a colación lo escribí como réquiem de mi paso por La Voz de Jerez, un canto a la esperanza que tarareaban otros, y que yo traté de describir con el mayor cariño que supe ponerle.
Ha pasado casi un año, pero es ahora cuando me vuelve a la mente. La vinculación entre Democracia Real Ya y los anónimos es más que recurrente en cualquier conversación entre miembros de alguna de estas plataformas, pero a mí se me queda corta. No dejo de darle vueltas: Democracia Real Ya usa algunos de los métodos ya planteados en 1935 por Alcóholicos Anónimos. “…beber»”, es como termina el párrafo citado.
La raíz del problema es compartida; las consecuencias son diferentes. «Sólo nos une la enfermedad», insisten casi todos. A veces es precisamente la sintomatología derivada de su consumo la que invita al paciente a abandonar la bebida, como le pasó a Felipe: «En un primer momento -recalca- me vi ingresado con una pancreatitis».
Salvando las distancias -y sé de buena tinta que así ellos me lo permitirían-, existe una clara analogía entre lo que me contaron, lo que de ellos recibí, y lo que ahora recibo de mis compañeros. Cambien bebida por sistema capitalista vigente y el estar ingresado con una pancreatitis por quedarte en el paro con una familia que mantener.
Bajo consejo médico, dejó entonces de beber, pero «sólo por tapar la botella tu vida no deja de ser un desastre», asume convencido. No había rasgos que le delataran por ello: «Poca gente me ha visto dando camballadas por la calle, mal vestido o mal aseado». Pero el vacío que le había dejado el abandono de una forma de vida orientada en torno a la bebida acabó provocándole insomnio, mal humor y ansiedad. «Estuve sin beber tres años antes de conocer Alcohólicos Anónimos, pero no era feliz: era un abstemio amargado. Me lo decía mi mujer, mi gente y mis compañeros de trabajo». Como consecuencia, apareció el verdadero enemigo del alcohólico: la recaída. Ahora, Felipe confiesa que no está aquí para dejar de beber, sino para ser mejor persona: «Una cosa te lleva a la otra».
Desde que comenzó el movimiento, desde antes del #nolesvotes, muchos éramos y seguimos siendo votantes convencidos. Queremos dejar de beber, es decir, luchar contra el absentismo de vida que supone el dejar de ejercer nuestro derecho a ser libres, y partícipes de este sistema. Unos sin alcohol, y otros ejerciendo nuestro derecho al voto. Pero a estos dos tipos de luchadores análogos nos pasa lo mismo: “insomnio, mal humor y ansiedad”. Antes del 15M éramos “abstemios amargados”, sí, pero abstemios de una democracia real, algunos hasta el punto de abandonar el único resquicio de participación posibilitado cada cuatro años. Y lo que nos une es que todos queremos ser mejores personas. Hemos despertado.
Entre los propios miembros se llega a comparar la percepción que todavía tiene cierta gente «de los negros, de los gitanos…», algo que se asocia erróneamente a «personas de poca credibilidad», según Paco. Sin alterar su tono ni entrar en controversias, José, de etnia gitana, aclara a su predecesor en el turno de palabra: «Esto no entiende ni de color, ni de raza, ni de estatus social, ni de edades».
Negros y gitanos, izquierdas y derechas, ricos y pobres. Tiene toda la razón, el compañero: «Esto no entiende ni de color, ni de raza, ni de estatus social, ni de edades». Ni una coma hay que moverle.
«Es un desierto que uno intenta reconvertir en un oasis con la sobriedad que día a día se va consiguiendo». Acostumbrado a buscarse la vida, uno de los aspectos con los que reconoce estar más satisfecho es con que «el programa no da consejos, sino sugerencias. Aquí nadie impone nada». Ni siquiera los famosos doce pasos de Alcohólicos Anónimos son imperativos. Fueron un médico y un corredor de bolsa los que los crearon y fundaron esta comunidad ahora mundial.
¿Doce pasos? ¿Ocho?
Suele pasarme que cada vez que pienso en los cientos de periodistas que puede haber en este momento en paro, sólo en la ciudad de Sevilla, me pongo malo. En DRY somos por ahora únicamente dos los compañeros de profesión los que, a pesar del trabajo, más trabajo, la distancia e incluso los niños, intentamos poder ofrecer lo mejor de nosotros para conseguir lo mejor de los otros. Pero lo hacemos. A veces, en mi caso, hasta rozar el deseo incongruente de querer estar en paro para poder colaborar más.
No podemos reclutarles, aunque sí que está permitido. “Ganas no les faltan a los contertulios de sacar del abismo a todos y cada uno de los consumidores que aún reniegan de su patología”.