No hace mucho tiempo venía yo quejándome de que, al contrario de lo que sucedía en otros tiempos, los periódicos ya no atraían con regalos culturales a sus lectores. Con la llegada de Público, vi el cielo abierto: una película gratis cada viernes. No está nada mal para ser un periódico que está empezando; una consecuente inversión que puede suscitar, como ha sucedido en mi caso, la afinidad por el novicio periódico.
Clamaba yo entonces en contra de los grandes, cuando vienen los grandes para satisfacer mis necesidades. Hasta el pasado domingo, ABC ofrecía una extensa colección de clásicos del cine: cada fin de semana, un nuevo DVD permitía hacerme con tres títulos de indudable calidad rescatados del olvido. El nacimiento de una nación, La noche de los muertos vivientes, Nanuk el esquimal, La pequeña tienda de los horrores… Grandes obras que pasaron a estar en mi estantería para sorpresa de mi quiosquera, que ha visto como durante un tiempo determinado, yo compartía mi devoción roja por Público con las ideas azules -de azul sangre, por supuesto- de mi ABC. No tardaría mucho en verse asombrada de nuevo mi quiosquera, cuando son ahora El País y El Mundo los que se ofrecen a traerme la cartelera a mi pequeña pantalla. Ahora, además, ABC ofrece grandes películas… ¡sin publicidad!. Habrán dado un palo a un camión de la Fnac, qué se yo (aunque no me imagino a una banda de señores calvos con bigote y bates de beisbol esperando un un cruce, no). Los sábados, la monárquica rotativa está empezando a repartir, por tan sólo un euro más, tres mitos del cine. No está mal, habrá que probarlo (aunque la entrega del sábado pasado ya me la perdí).
Desde el pasado fin de semana, El País inicia una colección de grandes actores, pero la propuesta de este medio -para mi punto de vista, muy venido a menos desde la irrupción en el mercado de Mediapubli y Mediapro- resulta, cuanto menos, mediocre. Y no sé si me quedo corto. Las tres primeras entregas han sido, por este orden, Una historia del Bronx, con Robert de Niro como director y estrella, Distrito Apache: El Bronx y Cadena Perpetua, con Paul Newman y Tim Robbins respectivamente. La primera queja deviene del precio: ¿por qué El País ha de imponer un euro más por la adquisición de una sola película, cuando la mayoría de publicaciones simplemente las regalan? ¿Es que acasso ofrecen más calidad?. La respuesta dista mucho de ser afirmativa. Y la respuesta está, cómo no, en la autoría del DVD. No sé qué pretenden los encargados de los suplementos de algunas publicaciones, si es que no es desquiciarnos. Apunten este nombre para tacharlo de su lista de editores de DVD, si es que alguna vez precisan de alguno: Producciones JRB. El uso de Calibri sin justificar para la advertencia anticopia del DVD al inicio ya me daba mala espina.
Con la película de De Niro vino la primera desilusión: editada en formato pan and scan, en 4:3, y con todo lo que ello conlleva (barridos ficticios de cámara mediante postproducción y eliminación del 45% de la información de la pantalla). La película original, evidentemente, estaba filmada en formato panorámico. A ello se le suma que los muy cucos hayan optado -y no es de extrañar (¡peseteros que sois!)- por usar un DVD 5: la pista de video se ve mermada por las dos de audio, al tratar de encajarla en tan solo cuatro gigabytes de espacio de disco. Ni siquiera la estiran un pelín, para arañar los 4,7 que permite, y así arañarme también a mí algo de felicidad. «Al menos, incluye la versión original y los subtítulos», pensé. Craso error. Ahí que venía Paul Newman para decirme que no, que él se negaba a incluirlos. «Porque estás muerto y aún te velo, que si no…», pensé. O me desquicié, más bien.

- Fotografía Projector with films, de Morgennebel
Fort Apache, The Bronx. Lo de esta es genial. El señor editor, sentado frente a su, imagino, flamante Mac, consideró que lo de la anterior entrega era un ultraje en toda regla a los cánones del cine, y no sólo eso, ¡un atentado contra el buen gusto!. «Voy a subsanar este error, y a la vez contribuiré al beneficio del buen cine», quiero pensar que pensó. Acto seguido, se decidió a preservar con mimo el formato original de la pantalla panorámica del fotograma de 35 mm. El catastrófico resultado es el que sigue: la pantalla mantiene el formato 16:9 (que, aunque no se acerca al 1.85:1 original, se aproxima como debe ser), pero introduce las dos bandas negras del letterbox en la compresión de la película, lo que se reduce a más datos que comprimir y, por tanto, menor calidad para la imagen final, que es lo que nos interesa. ¿Podría ser peor? Sí, lo es. El DVD aprovecha tan sólo 3,6 de los 4,7 GB que tiene disponibles. Y ahí entra también una pista de audio en inglés, que -y ahora viene lo bueno- ¡no lleva subtítulos! Ni en español, ni en inglés. Genial. Una pequeña maravilla de la edición de video.
La última oportunidad brindada a esta colección se debía a la debilidad que siento por la que es una de las mejores cintas de la historia del cine, o una de las mejores historias que tuvo el placer de rodar el cine gracias al gran Stephen King: Cadena Perpetua. Y se la dí, aun sabiendo lo que me encontraría y, de hecho, me encontré: de nuevo la técnica de introducir el letterbox dentro del área de captura, aunque esta vez tuvieran la delicadeza de introducir los subtítulos. ¡Y en 7,68 GB! Gracias (porque no sé cómo se verían 160 minutos de película en un DVD 5). Infinitas gracias, JRB. Llegados a este punto, me extraña que no usaseis Comic Sans en lugar de Calibri.
La sorpresa me la he llevado con la tentación propuesta por El Mundo (¡gracias, Inma!), una colección de diez películas que giran en torno a un eje central: el periodismo. Mientras leía el artículo de Pedro J. en la segunda página del diario acerca de la nueva colección, recuerdo que me pregunté si cierta profesora estaría recapacitando acerca de lo que es una buena película sobre periodismo, pero sobre todo, acerca de lo que no lo es. Y resulta que Primera plana, del maestro Billy Wilder, y con Jack Lemmon como estrella principal, sí lo es. Enhorabuena, Pedrojota, porque a mí, personalmente, me has embrujado con malas palabras (¿o será con deuvedeses?). La diatriba propugnada contra el diario que antes era independiente y de la mañana, pero que ahora es global, va más allá de la mísera contribución al audiovisual más asequible, pero al menos, me sirve como excusa objetiva para rajar en su contra. En cambio, mis últimos acercamientos a El Mundo y al ABC, con la misma excusa, me están haciendo disfrutar de una práctica de consumo periodístico que debería ir más allá de lo que nuestros ojos desearían ver. La cuestión del debate económico en el particular de mi persona me lo solventa El País. Ya no tengo que decidir qué diario comprar cuando dos o más de ellos ofrecen películas: no sólo no regala, sino que estafa. Pero lo mejor es que, a lo tonto, a lo tonto, cada comienzo de semana tengo nuevos motivos para que llegue el fin de la misma.
Señores de JRB, contratenme. Por el bien de ambos, y por el de todos los cinéfilos del mundo.