Montoro y el sacrificio del primogénito
Este mediodía he escuchado atento la radio, pendiente de las reacciones políticas ante una debacle económica que nos enfila hacia el ocaso del celtic lynx. En éstas estaba cuando el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, respondía molesto a las dudas que actualmente se ciernen sobre España.
“Cuando un país está haciendo lo que hay que hacer para recuperar la credibilidad de país y del euro merece un respeto”, dice.
Ha sido entonces cuando he comprendido la convicción que Montoro rezuma en sus actos. Tanto, hasta el punto de que equipararía su situación con la del personaje bíblico Abraham cuando le fue encomendada la misión de desprenderse de su primogénito, aquél que tanto le había costado ver nacido.
El Gobierno -nuestro padre- ha recibido el designio del todopoderoso dios mercado-Merkel, de tener que matar al hijo que tanto deseaba: la gobernanza de todos nosotros; las competencias sobre la educación o la sanidad. Y las recorta por designio divino, porque al igual que Abraham, tiene que cargarse lo que más quiere porque “hay que hacer lo que hay que hacer“.
En el caso del personaje bíblico, no se puede discutir por qué su dios decidió que intentara matar a un ente externo como su hijo en un acto de fe, puesto que sólo contamos con la Biblia como testimonio para corroborar lo mucho que sufrió por ello.
En cambio, en el caso de Montoro, cabría preguntarse si le dolería más -como me consta que le duele- intentar matar al hijo que somos todos, o cortarse una pierna (o su sueldo) si así lo desease Herr Merkel. Lástima que hoy dispongamos de más biblias que La Razón.













