La acampada del 1%
Durante mi último viaje a Madrid en el inaccesible AVE, tuve la oportunidad de echarle un ojo a un periódico adaptado perfectamente a ese entorno de corbatas y trajes caros: La Razón. Y como ya entonces comenté, me pareció extraño encontrar más de dos páginas enteras llenas de convocatorias a juntas de accionistas de sicavs con un mismo nexo en común: todas ellas se celebran del 21 al 26 de junio próximo en el 5º A del 42 de la madrileña calle Ayala. Es decir, la sede de la sucursal española del Banco de Crédito Suizo.
Para saber qué es una sicav, es necesario primero conocer qué debería ser. Una buena definición la dio en Público Francisco de la Torre Díaz, portavoz de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE):
“Una sicav, sociedad de inversión de capital variable, es –o mejor dicho, debería ser– una Institución de Inversión Colectiva, cuya finalidad es la inversión en los mercados financieros. Tiene requisitos mínimos de capital y, sobre todo, debe contar con 100 inversores como mínimo (por eso debería ser colectiva). Por esa razón, goza del régimen de instituciones de inversión colectiva: tributación al 1% y después al 18% sobre los dividendos o ganancias de capital cuando el inversor retira el dinero”.
Pero la realidad es la que es:
“En la práctica, las sicav se utilizan exclusivamente para la gestión individual de carteras de grandes patrimonios [...]. La pregunta que inmediatamente le surgirá al lector es cómo se transforma una institución de inversión colectiva en gestión individual de carteras. La respuesta es sencilla: introduciendo 100 inversores, que realmente no invierten; teniendo el control absoluto una sola persona o, como mucho, un grupo familiar. En el argot financiero, a estos inversores ficticios se les conoce como mariachis. Se les llama así, parafraseando la ranchera: Con dinero y sin dinero, yo hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley…“.
Ante la injusticia de que una sicav tribute al 1%, en lugar de al 30% que le correspondería como sociedad anónima, o al 18% como renta del capital, me pareció conveniente contar algo más acerca de esta acampada del 1% que aspira a ocupar con más de 2.000 personas en total la sede del Banco de Crédito Suizo a lo largo seis días. #Occupysicav, #Sicave1caben30. Incluso me preocupé de elaborar un horario con las 22 reuniones que se celebrarán de 9 a 19 durante esta semana, y me pareció extraño que en sólo una hora pudieran dispensar todos los puntos de un orden del día que estimaba complejo. Pero nada más lejos de la realidad.
Sólo con dar un primer rasguño a golpe de buscador, pude toparme con facilidad con las cuentas de 2010 de la primera sociedad gestionada por el Banco Suizo que celebrará su junta por escrupuloso orden alfabético: Abisal 72. Se trata de una sicav que mantenía en 2010 una deuda con la administración pública por valor de 57.116,16 euros como concepto de impuesto de sociedades (por un patrimonio que superaba en 2010 los 16 millones de euros).
Uno podría pensar que es hasta cierto punto comprensible que sus 105 accionistas (5 más de los que exige la ley) no debieran hacer frente a demasiados tributos al tratarse de una casi inocente sociedad de inversión colectiva. Sin embargo, su propio informe aclara que:
“Al 31 de diciembre de 2010 existían dos accionistas (personas físicas) con participaciones significativas superiores al 20% del capital en circulación de la sociedad que ascendían en su totalidad al 98,43% de dicho capital”.
Esto vendría a significar que 103 de los 105 accionistas de una sociedad que vale más de 16 millones de euros poseen el 1,57% de la misma. En la práctica, dos señores muy ricos están tributando por sus ganancias un 1%. Las carreteras por la que conducen sus lamborghinis están pagadas por los tontos del capirote que tributamos al 30%. Ojo, y la señora que se hizo una estación de AVE propia para ella y su familia nos quiere hacer pagar otra vez por ellas.
Tras el disgusto de descubrir que esto sucedía prácticamente con las 22 sociedades anunciadas en La Razón, cometí el error de dirigirme a la propia página del Credit Suisse, donde el banco se jacta de gestionar un total de activos “superior a 2.000 millones de euros” y “más de 140 sicavs”. Como no me pareció suficiente, decidí abrir una pestaña más con la página de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), donde se constata que actualmente existen más de 3.000 sociedades de este tipo. Y ahora, multipliquen.
Por la salud de mis ojos, finalmente he decidido cerrar las pestañas y cerrar las pestañas. Podría haber tratado de elaborar sin éxito un sesudo análisis lleno de conclusiones indignantes, pero creo que es algo mucho más acertado y sintético, y me ahorrará muchísimo tiempo, limitarme a decir que estamos siendo víctimas de un engaño masivo que consentimos cada día.
No seré yo quien convoque absolutamente ninguna protesta en ningún sitio con las cacerolas que nos regalaron por domiciliar nuestra nómina retenida al 30%. Pero hay un periódico, La Razón, que dice en sus páginas que a partir del jueves 21 de junio se celebra en Ayala 42 (Madrid) una serie de reuniones a las que no estamos invitados el 99% de los que no tributamos al 1%.













