Pocas cosas hay más placenteras que escribir disfrutando del sutil arrullo de la aguja atravesando el surco del vinilo. Me resulta increíble el disfrute físico y espiritual que me está reportando esta afición.
Para los que no lo sepan, a final de este mes cumplo años. Adivinad cuántos. La cuestión es que, a ciertas edades, el factor sorpresa se pierde en favor de la utilidad, y ya a día de hoy he recibido unos cuantos regalos bastante útiles para mi nueva afrenta vital: mi tía Aurori me regaló un cesto para la ropa sucia, un mantel y un paño de cocina, mi tío Miguel Ángel me regaló unos magníficos posavasos y mi señora madre me (nos) ha regalado una estantería preciosa para la cocina. Y Paula, en su buen quehacer como querida consorte, ha determinado que lo que más útil podría serme en este momento es el Álbum Blanco de los Beatles.
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