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Se busca patrón

«Cuando lleves dos semanas parado, vas a estar subiéndote por las paredes». Cuánta razón tenía mi primo Antonio cuando me advirtió de lo que me pasaría si en algún momento me quedaba sin trabajo. Ahora que ese momento ha llegado, hago mías sus palabras: estoy que me subo por las paredes. Pero nunca arrastrándome por el suelo.

Tengo 28 años, más de cinco años de experiencia, carrera y máster, un Skoda con más de 400.000 kilómetros, piso en alquiler asequible para los tiempos que corren y, lo más importante, unos familiares y amigos que me respetan y apoyan. No tengo hipoteca, ni niños, ni deuda alguna con el banco. Puede decirse que me beneficio del dumping familiar, que no es otra cosa que aceptar sueldos bajos y tirar los precios a costa de que tus allegados te mantengan.

Busco el trabajo perfecto en la empresa perfecta, pero soy consciente de que, si no existe, habrá que inventarlo. Como dijo ayer Carlos Mármol en la presentación de Sevilla Report, puede que, llegado el momento, haya que echar al agua los botes salvavidas mientras los grandes buques del empleo se hunden. La pena es que quizá haya que iniciar el recorrido a nado porque a los viejos marinos no les ha dado tiempo a enseñarnos a remar en condiciones. Pero bueno, estoy dispuesto.

Ojalá pudiera pasar algo más de tiempo en una redacción. Pude hacerlo brevemente en mis prácticas en Canal Sur Radio, El Correo de Andalucía y La Voz de Jerez, así como durante mi etapa como editor web de Eumedia. Y me siento un privilegiado por ello. Aún así, tengo la sensación de que me han faltado unos años para poder conseguir ese hervor con el que poder declararme a mí mismo periodista. Ahora me autodenomino como tal, más por convicción que por oficio, como el humilde que grita a los cuatro vientos que lo es. Pero lo seré.

En los próximos días me recorreré las redacciones de Sevilla para contar por allí estas mismas historias, con la esperanza puesta en que algún patrón se fije en este marinero y quiera hacer de él un buen contramaestre. Somos muchos los candidatos y pocos los barcos, aunque por ahora ni unos ni otros se hunden del todo. Si me ayudan a flotar, prometo luchar no sólo por que no acaben en el fondo del mar, sino para que el navío pueda atravesar el océano del nuevo contexto digital y llegar a un buen puerto. De no ser así, espero estar entre los que llegan en salvavidas.

De la escaleta de Canal Sur Radio al planillo de ‘El Correo’

«Se acabó», comenzaba yo hace poco más de tres meses. «La falsa ilusión de estar trabajando en plantilla con un gran grupo de profesionales se ha desvanecido». Y así, como cuando intentas dormir rápido tras despertar de un dulce sueño para intentar recuperarlo, volví a estar entre capuchinsquis.

Esta vez, en cuanto el sueño comenzó a remitir me curé en salud. No me importó que inicio de unas nuevas prácticas se solapara con el fin de las anteriores, y confiaba en que a las administraciones universitarias y a los gerentes de la nueva empresa hicieran lo propio. El resultado es que esta tarde termino mis prácticas en Canal Sur Radio y, en menos de dos horas, doy arranque a mi andadura en pruebas por El Correo de Andalucía.

No estoy triste, sino justo lo contrario: ilusionado. Son tantas las buenas palabras que me han llegado acerca de la nueva redacción y sus gentes que es imposible no estarlo. Puede que ellos a mí aún no me conozcan tanto, pero por fortuna, cuento con una buena carta de presentación.

La hora de la despedida

La voz de Jose Manuel de la Linde suena, al igual que cada mañana mientras intento despegar mis pestañas, como fibras de velcro superpuestas sobre mis ojos. Ya sé cómo pinta el día, pero nada logrará hacerle frente a la agenda. Paula, quizá consciente de que es mi última jornada en la radio, se encarga del café y me cede el turno en la ducha. Y antes de entrar, me afeito.

«Tengo una imagen que ofrecer a la gente de El Correo», bromeo cuando se percatan de ello en la redacción de Canal Sur Radio, y de mi corte de pelo. Valentín desaparece, y me deja solo frente a la escaleta. Dos de los temas llevan mi nombre, y ya estoy tardando en irme al Laredo. «Pregúntale al García por las setas de la Encarnación», apunta Linde. «¡Gracias!», me despido.

Llego con tiempo a una sala de prensa vacía y me dirijo casi con nostalgia hacia las cabinas. Pero pronto aparece una compañera de RNE que evita la aparición de sentimientos azucarados. Y arranca una rueda de prensa más, con otra historia ya contada, aunque con la buena voluntad de siempre. Al otro lado, amigo, necesitamos carne.

Faltan veinte minutos para la siguiente rueda: lo justo para un café y una media con jamón. Me da tiempo incluso a escribir la crónica de la anterior. ¿Cuál era el corte bueno? Recuerda lo que te dijo el Bola: el minidisc al dos, que si no entra sobrealimentado. Y llega el otro, como siempre, con el retraso propio de quien necesita arañar redactores rezagados de la anterior rueda. Mierda, se me va a hacer tarde, y lo más seguro es que me llamen para la crónica. Efectivamente: suena el móvil, pero ya estoy en la cabina. «Te entro por la RDSI, ¿vale?». «Estupendo», se oye al otro lado de la línea.

No me llaman. Joder, no me llaman. Son y siete y no me llaman. Tengo las dos crónicas escritas y el corte listo. Tacho esa línea porque no se entiende. «Juan, apaga el minidisc». «¡Pero si no está encendido!». Ay, madre. «Te estamos escuchando… ¡dale paso a Marisa, que el Ayuntamiento no está pinchado!», oigo. «¿Qué estaré haciendo mal?”, pienso. Y entonces suena la RDSI.

«Teníamos pinchada la Casa Rosa, Juan. Por eso no te escuchábamos». Bueno, no pasa nada. Como dijo Valentín, mientras de puertas para afuera no se oigan los problemas, todo marcha bien. Sacar los cortes y escribir mi texto. «Marisa, ¿cómo trenzamos esto?», pregunto. «Llama a Nieves». Diego no lo coge, pero en el Ayuntamiento sí responden: «No, esperaremos a ver las noticias y entonces ella verá si da respuesta». Como quieras. A la mierda, paso a corte.

Son ya las menos veinte. En verdad… si no vamos a dar esto, saco otros cortes y dejo los de antes para la tarde. Suena mi teléfono: «¿Juan Blanco? Nieves quiere contestar». ¡Gracias por atendernos! «¡Valentín, ya tienes el corte en preproducción! ¡Enseguida te lo escribo!». (¡Mierda! El tráfico, ¿Marisa? ¿Nuria? Joder). «Toma, aquí está el pasito a Nieves. ¿Tienes el tráfico?». Siéntate, me dice.

Llega la última noticia y me la pasa, como las otras, con una marca hecha a boli. Se ríe, y yo, nada más leerla, me parto. Perdónenme los oyentes.

(Jamás me cansaré de decirlo: gracias)

A tu bola: son ilusiones

A tu bola se acabó y era normal. Nadie puede quejarse ni sentirse engañado porque todos sabíamos que la lógica imperaría. Ya avisamos en su día, que nuestro camino era corto y que lo divertido era convertir cada show en el último. Nos hemos reído mucho durante 266 programas. Una barbaridad teniendo en cuenta que no era el lugar apropiado para un espacio como éste.

Síndrome de Estocolmo“, de David Gallardo

El folio en blanco puede ser una condena o una bendición según quien sea el que lo tiene enfrente. Y existe una especie de profesional radiofónico al que el guión le estorba, al que le bastan su voz y sus ideas para dar cuerpo a un programa intangible. Así surgen la  pasada y efímera La hora de la Navidad, con Valentín García, pero también productos que parecían consolidados, como A tu bola. El programa de los daviles, el Gallardo y el Hidalgo, nos ha regalado momentos de auténtica magia radiofónica a una hora que no lo era tanto.

Y ahora cae de la parrilla de Canal Sur Radio.

Sin embargo, al igual que las pérdidas en la plantilla, uno se alegra cuando sabe que el cambio será a mejor para los afectados. El horizonte es amplio, y es una maravilla tener más camino hacia adelante que a la espalda.

Mucha suerte, compañeros.

Bob Dylan por rumba: “El vendedor ambulante”

Los intentos por aproximarse a las maneras del maestro del críptico verso no son pocos entre los músicos de nuestro país. De forma reciente lo intentaba el grupo sevillano Gritando en Silencio con el tema que da cierre a su primer disco (Contratiempo, 2009). Se trata de la canción “Mereció la pena”: compases dylanescos, la requerida armónica y los temas líricos que evocan a “The Times They Are A-Changing.

Los jerezanos Los Delinqüentes también lo intentaron. Para su último disco (Bienvenidos a la época iconoclasta, 2009) incluyeron un tema que guarda las formas del tejano, hasta que una tal Julieta Venegas termina tumbando este despropósito. “¿Quién es más poderoso, el aire o el fuego?” se desvincula del particular estilo del dueto de los jereles para acercarse a Bob.

Hasta un siempre genial Jose Mota, de los antiguos Cruz y Raya, se atrevió a parodiar al maestro. El título de la canción también la clava: “El hombre que puso mote a los otros hombres”. No os perdáis el rictus de este genial humorista.

Pero nada, absolutamente nada, resulta igualable a esta última exposición de las maneras de Bob Dylan proyectadas en los artistas patrios. Si hasta yo mismo, en la búsqueda de una de sus mejores canciones, confundía el título original de “Man Gave Names to All the animals” y le otorgaba el de “In the Begining”, lo del siguiente artista es, cuanto menos, genial.

De visita por el MySpace del Niño Virtudes les recomiendo que obvien, a pesar del atractivo de sus títulos, el resto de canciones, y se centren en la que ahora nos ocupa: “El vendedor ambulante“. La pieza se utilizó en un programa matinal de Canal Sur Radio para ilustrar una entrevista telefónica a un vendedor ambulante que se encontraba inmerso en pleno oficio. Mi reciente condición de becario me otorga beneficios como éste (de los que no dan de comer), por lo que pude averiguar de qué tema se trataba. Mis indagaciones previas en Internet no llegaron a buen término.

Un músico casi desconocido tenía que ser quien se aventurase a versionar a Bob Dylan a ritmo de rumba. Pero no se queden ahí: la adaptación de la letra a las cuestiones más cercanas se realiza de manera magistral. Donde Dylan dice «Man gave names to all the animals / In the beginning, in the beginning» (en un principio, el hombre le puso nombres a todos los animales), el Niño Virtudes lo adapta y dice: «Soy un vendedor ambulante / Traigo bikinis, vendo bikinis». Magnífico.