Posts Tagged ‘Canal Sur Radio’

Primo

Cada canción tiene un nombre, más allá del título de la pieza en cuestión. Y “José El Pena” es Valentín García. Estoy seguro de que él mismo se reconocerá en la letra, la cadencia de los acordes y, sobre todo, por medio de esas calles que muestra el vídeo de Tomasito.

No supe prever su rendición que ahora parece tan evidente. Desconozco los motivos. Sé bien de las circunstancias y del contexto, aquéllo que dicen que es el periodismo, así que me conformo. Valentín pasa a ser, desde ayer, un plumilla raso más de la escuela sevillana.

Junto al equipo hispalense de Canal Sur Radio, él fue quien jaló de mí hacia el periodismo en un momento en el que me encontraba casi con un pie fuera. No sé qué me vio; él lo llamó “el veneno de la radio”, cuando ni mi dicción ni mi porte son dignos del micro. Creo que va un poco más allá: es lo que entonces vi en gente como el Gallardo, el Bola, Marisa o el Teto, y lo que más tarde vería en Pepón o en la Pepa.

En pocas profesiones sucede lo que en el periodismo, donde muchos renuncian a un buen puesto por seguir, cual peluso, con margen de maniobra en lo que hacemos. Me lo contó un gran hombre, y los hechos poco a poco lo demuestran. A veces un puesto irrechazable acaba por dar ganas de salir corriendo. Al tiempo.

Algunos echarán de menos su ¡sssaludos muy buenas tardes…!, pero muchos más podremos conocer otra faceta del genio. Porque no es un paso atrás. Por lo pronto, sé que él verá como una conquista que alguien oriundo de Jerez pueda dirigirse hacia él llamándole primo en vez de jefe. Porque él de primo no tiene na, primo.

02

03 2011

De la escaleta al planillo

“Se acabó”, comenzaba yo hace poco más de tres meses. “La falsa ilusión de estar trabajando en plantilla con un gran grupo de profesionales se ha desvanecido”. Y, como cuando intentas dormir rápido tras despertar de un dulce sueño para intentar recuperarlo, volví a estar entre capuchinsquis.

Esta vez, en cuanto el sueño comenzó a remitir me curé en salud. No me importó que inicio de unas nuevas prácticas se solapara con el fin de las anteriores, y confiaba en que a las administraciones universitarias y a los gerentes de la nueva empresa hicieran lo propio. El resultado es que esta tarde termino mis prácticas en Canal Sur Radio, y en menos de dos horas doy su arranque a mi andadura en pruebas por El Correo de Andalucía. Ni siquiera me va a dar tiempo de emborracharme con mis compañeros.

No estoy triste, sino justo lo contrario: ilusionado. Son tantas las buenas palabras que me han llegado acerca de la nueva redacción y sus gentes que es imposible no estarlo. Por desgracia, aunque ya hay quien se ha ocupado de ello, puede que a mí aún no me conozcan tanto. Por fortuna, cuento con una buena carta de presentación.

No siempre tiene uno la suerte de poder elegir a la familia.

19

01 2010

La hora de la despedida

La voz de Jose Manuel de la Linde suena, como cada mañana, mientras intento despegar mis pestañas, como fibras de velcro superpuestas sobre mis ojos. Ya sé cómo pinta el día, pero nada logrará hacerle frente a la agenda. Paula, quizá consciente de que es mi última jornada en la radio, se encarga del café y me cede el turno en la ducha. Y antes de entrar, me afeito.

“Tengo una imagen que ofrecer a la gente de El Correo“, bromeo cuando se percatan de ello en la redacción de Canal Sur Radio, y de mi corte de pelo. Valentín desaparece, y me deja solo frente a la escaleta. Dos de los temas llevan mi nombre, y ya estoy tardando en irme al Laredo. “Pregúntale al García por las setas de la Encarnación”, apunta Linde. “¡Gracias!”, me despido.

Llego con tiempo a una sala de prensa vacía, y me dirijo casi con nostalgia hacia las cabinas. Pero pronto aparece una compañera de RNE que evita la aparición de sentimientos azucarados. Y arranca una rueda de prensa más, con otra historia ya contada, aunque con la buena voluntad de siempre. Al otro lado, amigo, necesitamos carne.

Pregunto por la policía en la Alameda, y logro incomodar a mi interlocutor. Le cuestiono ahora acerca del apunte de Linde, y reacciona despidiéndose de sus acompañantes. “Pregúntale tú, que a este paso se va a creer que soy de El Mundo“, comento entre risas al chico de la COPE. Diez minutos después, nos queda bien claro que las culpas de lo otro no fueron de él, sino del mensajero. “¿Pongo cruce de declaraciones?”, pregunta el de la radio de los curas. “No sé, yo sólo soy becario”, respondo. “Pero de dónde eres, de la COPE, ¿no?”, y sonríe.

Faltan veinte minutos para la siguiente rueda: lo justo para un café y una media con jamón. Me da tiempo incluso a escribir la crónica de la anterior. ¿Cuál era el corte bueno? Recuerda lo que te dijo el Bola: el minidisc al dos, que si no entra sobrealimentado. Y llega el otro, como siempre, con el retraso propio de quien necesita arañar redactores rezagados. Mierda, se me va a hacer tarde, y lo más seguro es que me llamen para la crónica: efectivamente, suena el móvil, pero ya estoy en la cabina. “Te entro por la RDSI, ¿vale?”. “Estupendo”, se oye al otro lado.

No me llaman. Joder, no me llaman. Son y siete y no me llaman. Tengo las dos crónicas escritas, y el corte listo. Tacho esa línea porque no se entiende. “Juan, apaga el minidisc“. “¡Pero si no está encendido!”. Ay, madre. “Te estamos escuchando… ¡dale paso a Marisa, que el Ayuntamiento no está pinchado!”, oigo. “¿Qué estaré haciendo mal?”, pienso. Y entonces suena la RDSI.

“Teníamos pinchada la Casa Rosa, Juan. Por eso no te escuchábamos”. Bueno, no pasa nada. Como dijo Valentín, mientras de puertas para afuera no se oigan los problemas, todo marcha bien. Sacar los cortes y escribir mi texto. “Marisa, ¿cómo trenzamos esto?”, pregunto. “Llama a Nieves”. Diego no lo coge, pero en el Ayuntamiento sí responden: “No, esperaremos a ver las noticias y entonces ella verá si da respuesta”. Como quieras. A la mierda, paso a corte.

Son ya las menos veinte. En verdad… si no vamos a dar esto, saco otros cortes y dejo los de antes para la tarde. Suena mi teléfono: “¿Juan Blanco? Nieves quiere contestar”. ¡Gracias por atendernos! “¡Valentín, ya tienes el corte en preproducción! ¡Enseguida te lo escribo!”. (¡Mierda! El tráfico, ¿Marisa? ¿Nuria? Joder). “Toma, aquí está el pasito a Nieves. ¿Tienes el tráfico?”. Siéntate, me dice.

Llega la última noticia y me la pasa, como las otras, con una marca hecha a boli. Se ríe, y yo, nada más leerla, me parto. Perdónenme las señoras y los oyentes, pero preferí trabarme antes que descojonarme.

(Jamás me cansaré de decirlo: gracias)

19

01 2010

Son ilusiones

A tu bola se acabó y era normal. Nadie puede quejarse ni sentirse engañado porque todos sabíamos que la lógica imperaría. Ya avisamos en su día, que nuestro camino era corto y que lo divertido era convertir cada show en el último. Nos hemos reído mucho durante 266 programas. Una barbaridad teniendo en cuenta que no era el lugar apropiado para un espacio como éste.

Síndrome de Estocolmo“, de David Gallardo

El folio en blanco puede ser una condena o una bendición según quien sea el que lo tiene enfrente. Y existe una especie de profesional radiofónico al que el guión le estorba, al que le bastan su voz y sus ideas para dar cuerpo a un programa intangible. Así surgen la  pasada y efímera La hora de la Navidad, con Valentín García, pero también productos que parecían consolidados, como A tu bola. El programa de los daviles, el Gallardo y el Hidalgo, nos ha regalado momentos de auténtica magia radiofónica a una hora que no lo era tanto.

Y ahora cae de la parrilla de Canal Sur Radio.

Sin embargo, al igual que las pérdidas en la plantilla, uno se alegra cuando sabe que el cambio será a mejor para los afectados. El horizonte es amplio, y es una maravilla tener más camino hacia adelante que a la espalda.

Mucha suerte, compañeros.

09

01 2010

El humo más bonito

El otro día tuve la oportunidad de ir a cubrir una información bastante divertida, interesante y asequible. Sí, uno de esos temas que da gusto difundir, que no tiznan porque no precisan de hacerlo y que ensalzan el valor de las personas por encima de las instituciones. Lo que llaman el factor humano. Un valor tan poco cuantificable como comprometedor.

Un par de compañeras de medios fue lo máximo que alcancé a ver en el evento en cuestión. Fueron más de dos y de cien las personas allí congregadas, pero la información carecía de toda carga de corruptela, polémica o inversión económica que sustentase la noticia como tal a efectos del buen periodismo más contemporáneo.

En radio tenemos la mala costumbre de llevarnos la grabadora a cuestas, porque la voz desnuda del locutor no es suficiente para un público al que –al menos así lo ven desde arriba– se le cree ávido de periodismo de declaraciones. En prensa escrita esta práctica se da menos, aunque su uso es bastante frecuente entre las nuevas generaciones de periodistas en prácticas atemorizados por algún que otro libro de estilo. Entre los viejos lobos del periodismo parece que esto no suele ocurrir, salvo excepciones. Plumillas de libreta los hay muchos, que miran por encima del hombro al que se vale de las tecnologías para sustituir parte de su labor. Una de mis compañeras portaba el mismo modelo de grabadora que yo. La otra, la veterana, la de prensa, parecía no necesitarla.

Alberto Reviriego me aconsejó, uno de mis primeros días en la redacción de Canal Sur Radio, que debía escuchar el contenido de la grabación mientras esperaba al taxi, que tenía que seleccionar los cortes mientras iba montado en él y que cuando entrara de nuevo a la redacción tenía que tener muy claro qué cortes quería. Esto explica que, dos meses después de aquellas enseñanzas, hoy pueda estar yo bastante bien al tanto de lo que se habla en el interior de mi grabadora.

Mi información no llegó a entrar en antena, y todo el trabajo de una mañana cedió ante la tiranía del tiempo justiciero y su riguroso orden de prioridades. Sin embargo, Justine, Melanie, Alexandra, Noemi, y Jefferson si tuvieron su lugar en las páginas de un periódico. Aquella libreta había hecho la justicia necesaria al poner en sus bocas lo que no portaba mi grabadora.

17

09 2009

Versionando a Dylan: “El vendedor ambulante”

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Bob Dylan – “Man Gave Names to All the Animals

Los intentos por aproximarse a las maneras del maestro del críptico verso no son pocos entre los músicos de nuestro país. De forma reciente lo intentaba el grupo sevillano Gritando en Silencio con el tema que da cierre a su primer disco (Contratiempo, 2009). Se trata de la canción “Mereció la pena“: compases dylanescos, la requerida armónica y los temas líricos que evocan a “The Times They Are A-Changing“.

Los jerezanos Los Delinqüentes también lo intentaron. Para su último disco (Bienvenidos a la época iconoclasta, 2009) incluyeron un tema que guarda las formas del tejano, hasta que una tal Julieta Venegas termina tumbando este despropósito. “Quién es más poderoso, el aire o el fuego?” se desvincula del particular estilo del dueto de los jereles.

Hasta un siempre genial Jose Mota, de los antiguos Cruz y Raya, se atrevió a parodiar al maestro. El título de la canción también la clava: “El hombre que puso mote a los otros hombres”. No os perdáis el rictus de este genial humorista.

Pero nada, absolutamente nada, resulta igualable a esta última exposición de las maneras de Bob Dylan proyectadas en los artistas patrios. Si hasta yo mismo, en la búsqueda de una de sus mejores canciones, confundía el título original de “Man Gave Names to All the animals” y le otorgaba el de “In the Begining”, lo del siguiente artista es, cuanto menos, genial.

De visita por el MySpace del Niño Virtudes les recomiendo que obvien, a pesar del atractivo de sus títulos, el resto de canciones, y se centren en la que ahora nos ocupa: “El vendedor ambulante“. La pieza se utilizó en un programa matinal de Canal Sur Radio para ilustrar una entrevista telefónica a un vendedor ambulante que se encontraba inmerso en pleno oficio. Mi reciente condición de becario me otorga beneficios como éste (de los que no dan de comer), por lo que pude averigüar de qué tema se trataba. Mis indagaciones previas en Internet no llegaron a buen término.

Un músico casi desconocido había de ser quien se aventurase a versionar a Bob Dylan a ritmo de rumba. Pero no se queden ahí: la adaptación de la letra a las cuestiones más cercanas se realiza de manera magistral. Donde Dylan diceMan gave names to all the animals / In the beginning, in the beginning” (el hombre le puso nombres a todos los animales al principio), el Niño Virtudes sentencia diciendo: “Soy un vendedor ambulante / Traigo bikinis, vendo bikinis“.

“Pa mi bombóooooon…”

13

08 2009