Posts Tagged ‘El Periodismo’

Acasa en casa

La noticia me llega a través de DJ Nexxa, paisano y amigo de amigo. Conozco de la situación de esta gran mayoría de mujeres desde hace tiempo como informador en mi etapa de La Voz, pero por desgracia, también en carnes propias. Mi madre es trabajadora de Acasa, y como todas ellas, tampoco cobra. Para quien lo desconozca, esta empresa es la que gestiona las ayudas gubernamentales a la dependencia en mi ciudad natal, Jerez de la Frontera.

Martín de la Herrán, candidato a la Alcaldía por UPyD y autor del vídeo, se jacta de ser “el único representante de un partido político” presente en el acto de protesta. Mi madre, según me consta, no estuvo allí.

No duerme en el coche, como alguna de sus compañeras, y en contra de lo que pudiera parecer, para ella abstenerse de ir a trabajar y defender sus derechos no hubiera supuesto ninguna merma en la economía familiar. Mi madre no protesta porque si lo hace, ese día habrá quien no coma porque no tiene quien le guise o quien no se duche porque no tiene quien le ayude.

Juegan con eso. Hay oficios en esta vida por los que uno pagaría por trabajar. El periodismo, salvando las diferencias, es otro de ellos. Y así nos va.

13

01 2011

Dossier personal de prensa (IV)

El Correo de Andalucía, 26 de enero de 2010, página 11. Se trata de un seguimiento sobre una información previa que también puede leerse aquí. Lo gracioso es que la rueda de prensa a la que acudí ayer por la mañana versaba sobre un asunto bien distinto, el origen primigenio de la siguiente noticia: Read the rest of this entry →

26

01 2010

Pájaro de aula, periodista de jaula

Publicado originalmente en En cordobés

Mi padre me lo contaba cuando era pequeño. “Mira ese pájaro, ¿lo ves? Acabo de soltarlo, y no hace otra cosa que volver a su jaula. Se ha acomodado a tener su comida y su agua en el casillero, y no quiere saber nada más”. Tras cinco años de clases, y con tres grupos diferentes detrás, puedo decir que hay quien, todavía, no logra diferenciarse en demasía de lo que podría llamarse un pájaro de aula.

El periodismo es una carrera académica hinchada en beneficio de unos pocos, y perjuicio de muchos. Tal y como sucedía en los ochenta con los artistas, cuando “los ayuntamientos socialistas pusieron de moda la inflación de los cachés“, en los dosmiles podemos decir con tranquilidad que han sido los docentes los que, escudados en la ausencia de capital personal de unos excelentes y honoríficos matriculados, se han inventado puestos para subsistir. Profesores que crean departamentos para sí mismos, y optativas de dudoso valor cognoscitivo. Pero lo que es, quizá, más reprobable, es que existan alumnos que se toman la carrera en serio.

En las aulas no se enseña que la gran mayoría de periodistas huele a alcohol y a tabaco, unos vicios propios de quien padece la depresión de saber de qué va el mundo. Desde las facultades se propugnan mensajes encorsetados e impregnados de un olor a libro caduco, ignoto de una realidad cambiante a la cual es imposible encasillar. Debido a ello, se suelen generar, en la praxis, situaciones tan dantescas como que sea el becario el único que pregunta en las ruedas de prensa, o que nativos digitales carezcan de tribuna alguna desde la cuál despotricar. O lo que es peor, aún: el florecer de bitácoras amparadas en la obligatoriedad de estar ahí sin quererlo realmente, esperando obtener del gesto un número, o las dos letras de los ambiciosos: MH. La matrícula que señala a uno el dudoso honor de saberse conocedor de todo lo que ellos quieren que sepas, pero muy poco de lo que deberías querer saber.

12

12 2009

Autocensura y acceso vectorial a la información

Llevo varios días sin despejarme cierta idea de la cabeza. Es bien cierto que conforme se van aproximando los exámenes este tipo de ideas suelen pulularme sin más por la almendra, pero me huele a mí que, lo que decida tras ordenar mis pensamientos, como ahora comienzo a hacer, será determinante para lo que quiero que sea mi futuro, profesional y personalmente.

El periodismo digital es fulminante. El acceso a la hemeroteca ahora se produce desde cualquier lugar, como es evidente, pero hay un rasgo más diferenciador, si cabe, que lo separa de las actuales hemerotecas: la búsqueda vectorial. Cualquier término ubicado entre comillas en el buscador apropiado puede devolver resultados únicos, y versiones previas de esa misma unicidad. De esta forma, cualquier cosa que haya pasado por los algoritmos de Google puede estar a la vista de cualquier persona con un mínimo de inquietud.

Si mato a alguien –no lo quiera su dios, con permiso de Manolo Saco–, me encarcelan y pago mi pena con la sociedad, podré rehacer mi vida, sí, pero si algún avispado consulta mi nombre en Internet tiene todas las papeletas para dar con mi pasado, un pasado que es mío y que debiera asumir. Sí, maté, pero ya cumplí mi pena y espero no volverlo a hacer. Sería una mancha que antes, con el pulcro acceso a las hemerotecas, y la búsqueda lineal, se podría elidir.

Este ejercicio de aproximación a la Ley de Godwin me sirve como excusa para interpolarlo al caso que estos días me viene asaltando: los reiterados casos de plagio que una compañera, estudiante de periodismo, ejerce sobre otro compañero mío, y que yo mismo me encargué de denunciar como la injusticia que sigo creyendo que es. Se trata del mayor atentado intelectual que se puede realizar. No se trata de copiar, se trata de desheredar una obra, desligarla de su autor y asumirla como propia. Sin embargo, ayer por la mañana, tras no meditarlo mucho, decidí ocultar las dos entradas donde denunciaba el caso. Con una irrazonable fe en el ser humano, que ni yo mismo me explico de dónde la saco, pensé que quizá la persona afectada pudiera cambiar, dejar de ejercer estas prácticas lesivas, e incluso sostener una vida desligada del ejercicio periodístico, tan requerido de honestidad en estos momentos. Poco a poco me van abriendo los ojos, aunque yo reniegue de ello. Si aún no se ha disculpado públicamente, si no se ha puesto en contacto con las personas afectadas, si sigue mintiendo, si lo ha hecho ahora, lo seguirá haciendo… Son muchas las voces que me llegan en contra de esta medida, e igual tienen razón. Tanta, que yo no soy quien para negársela.

Por otra parte, está la cuestión del entorno. Cuando alguien salta sobre la mierda, es probable que salpique a las personas de alrededor, y este caso no está exento de esta comparación. Las dos compañeras de la protagonista de este entuerto, según me consta, no estaban al tanto de esta afición por lo ajeno. Podría darse el caso de que se vieran perjudicadas por el simple hecho de no elegir a la compañera adecuada, y todavía están a tiempo de ponerle remedio.

Se le sucede, además, el agravante de la carencia tecnológica perenne de nuestra Facultad. No se concibe que en el año 2009, el servidor de la misma, donde está alojada la web principal, de la que dependen las reservas de espacios y los propios blogs, lleve tres días caído. Por este hecho, resulta imposible estar al tanto de la nueva actividad de un blog al que próximamente llegarán los correspondientes feedbacks que apuntan a éste, mi blog, pero que, por otra parte, no hacen sino denunciar entradas infectas, algo que los comentarios deliberadamente borrados no permitían.

Conforme van sucediéndose las palabras, la resolución de esta disyuntiva se me antoja aún lejana. No quiero, mi intención primera sería la de mantener la opción de ocultar las entradas. Pero es una opción cobarde, y podría dejar en evidencia a colegas como Pablo Buentes, Sara Domínguez y al propio afectado, Fernan López, en la defensa de tan lesiva actividad.

Supongo que hay que ser valiente, tirarse al río y afrontar lo que pudiera pasar. Por el momento, vuelvo a publicar las entradas, a la espera de una disculpa que puede que no llegue, y en la que baso a partir de este momento la decisión de volver a ocultarlas. Puede que decisiones como ésta sean las que determinen si seré un periodista de España Directo o un comprometido corresponsal de guerra.

“Diligencia profesional”, me dice Fernan.

25

05 2009