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Más kilómetros

El pasado viernes me levanté hacia las 6:50 horas de la mañana, pero no desayuné hasta cerca de las doce. En total  serían unas diez copas de buenos vinos del país. Todo por trabajo.

El postre me lo tomé a las 19:30 mientras estiraba las piernas en el descanso del viaje en bus que me llevaba a Granada. Casi lo pierdo. 419 kilómetros.

Dos días después, tras cuatro horas y media y 419 kilómetros más de vuelta, el pasado domingo me dispuse a dormir algo para así tratar de evitar un accidente: a las 8:00 de la mañana conduje por vez primera el Opel Astra de la empresa hacia Aranjuez para recoger a mi compañero. 53,8 km.

Y de ahí, al noroeste de Murcia. 347 kilómetros al volante, unas decenas más por la zona, y algo menos a la vuelta, ya por puro agotamiento.

He metido la sexta marcha por primera vez en un coche. He dormido en un hotel con cama doble para mí solo. He usado, también por vez primera, un ascensor de coche. Dos veces, la segunda de ellas con los retrovisores plegados de necesidad. He adelantado a una ambulancia. Con la sirena y las luces puestas.

Son las doce de la noche de un intrépido martes. A las 4:00 de la mañana del día que ahora comienza, pondré rumbo a pie hacia la plaza de Cibeles. Un bus me llevará entonces al aeropuerto de Barajas para tomar un avión hacia Jerez. Tras desayunar con mis padres, cogeré un tren que me llevará a Sevilla. Y de Santa Justa, un autobús, hacia la Facultad de Comunicación.

Tengo un examen de Estructura de la Información a las 18:30. Perdonadme que no esté estudiando.

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01 2011

Toda la vida aprendiendo inglés

Tengo un propósito para el año que viene, tras salir de la jaula: aprender idiomas. Por delante de la informática, mi primera solicitud de preinscripción en una universidad iba de Traducción e Interpretación en Granada a Filología Inglesa en Inglés. Por fortuna me cogieron en Informática, y por mayor ventura aún acabé dejando la carrera.

Recabé en el periodismo, que es como acabar estudiando todas las cosas. Este ejercicio sin foco, de rasgar superficies y profundizar sólo en la mierda, me había alejado de la que es una de mis vocaciones más primigenias: conocer otras culturas a través de sus lenguas. Lo que llevo aprendido del latín de nuestros días fue conseguido primero a base de jugar a videojuegos, luego de usar programas de ordenador, y por último, de ver series como The Sopranos o The Wire. Con Lost no aprendí mucho. Si acaso, a gritar We have to go baaaaa…!

He desperdiciado los cinco estupendos años que el Instituto de Idiomas me ponía por delante para estudiar una carrera paralela, pero preferí aguardar a que me hicieran falta los créditos para cursar primero, y basta. Pero todavía tengo una oportunidad de redimirme y, como se suele decir, todo es empezar. Para el curso que viene, me matriculo en segundo de inglés, y quizá de francés.

Sin embargo, la sempiterna oportunidad perdida ha sido para mí la de la conocida beca MEC (y no hablemos de la Erasmus, que me deprimo). No sé si ha sido el miedo o mi predilección por la pala y el carrillo de mano en los agradables meses de verano, pero el caso es que llevo algo así como siete ocasiones perdidas de disfrutar durante tres semanas de la estancia en el extranjero para aprender idiomas. Porque como dijo hace poco Ramón Lobo, “en España hay dos tipos de españoles: los que no tienen ni idea de inglés y los que llevan toda la vida aprendiéndolo”. Y yo quiero ser de los segundos.

[map:http://maps.google.es/maps?q=limerick&oe=utf-8&client=firefox-a&ie=UTF8&hl=es&hq=&hnear=Limerick,+County+Limerick+City,+Irlanda&ll=52.63598,-8.618774&spn=0.201687,0.617294&t=h&z=11 500 320]

Me voy a Limerick. Hasta ayer mismo desconocía la existencia de esta pequeña localidad ribereña ubicada al suroeste de Irlanda, pero gracias a mi amiga de Facebook Eva Castizo he descubierto que es uno de los destinos más económicos a los que aferrarse. Por sólo 609,75 euros tendré la ocasión de vivir y respirar Irlanda durante tres semanas en pleno septiembre, justo después de las prácticas. Y quién sabe: puede que su escaso parecido con Malta me procure un destino exento de españoles, e igual me atreva a chapurrear algo de, como dijo una santa, inglés italoniggamericano.

La reserva está confirmada, y ahora me dispongo a ir a la oficina de Correos más cercana a dar cuenta de ello al Ministerio de Educación. Espero regresar con dinero de vuelta de los 1.700 que me llevo o, cuanto menos, poder procurarle una visita a mi sacrosanta interlocutora. Pero, ante todo, tengo esperanzas de que a la vuelta todos me llaméis maldito cerdo irlandés.

03

06 2010