«Lo de la casilla fue algo simbólico que ya está superado»

Nauscopio Scipiorum

Nauscopio Scipiorum

«La ciencia española no puede depender de las limosnas, lo que necesita es un presupuesto estable y suficiente que tiene que venir de los presupuestos del Estado. Lo de la casilla fue algo simbólico que ya está superado».

Lo dice Francisco J. Hernández, el físico promotor de la iniciativa que critiqué en su día desde este mismo blog.  En una entrevista para La Voz de Galicia, cuenta que entregó el pasado jueves en el Congreso 282.000 firmas que avalan una proposición no de ley en la que se pide una financiación estable para la ciencia y que el incremento de gasto público en I+D+i sea superior al PIB.

Me alegra que lo que nació como una petición casi caritativa haya terminado transformándose en una reivindicación firme y fundamentada.

La casilla para la ciencia y la conciencia

http://resistencianumantina.blogspot.com

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Va por encima de las 77.500 firmas, y subiendo. La recogida de firmas que pide una casilla en la declaración del IRPF para donar el 0,7% de nuestros impuestos a la ciencia no para de crecer. Eso por no hablar de mi muro de Facebook, o de cada nueva entrada en mi línea temporal de Twitter. Su éxito es lógico, ¿quién no va a querer que se destinen más ingresos a la ciencia? Sin embargo, la iniciativa peca de favorecer un peligroso precedente: el de hacernos creer que la investigación científica puede sobrevivir con la caridad.

Para terminar de cargarnos el método científico, haré un cálculo con la cuenta la vieja. Si cada uno de los firmantes estuviera dispuesto a donar el 0,7% de su retención y, siendo optimistas, estuviéramos hablando de mileuristas con una retención en torno a los 4.000 euros, daría como resultado que la ciencia recibiría un total de:

77.500 personas * 0,7 / 100 * 4.000 € = 2.170.000 €

Algo más de dos millones de euros. La propia petición original habla de que sólo el recorte en I+D+i anunciado por el Gobierno es de 600 millones de euros, y de que el presupuesto para 2011, de 8.600 millones, “era ya un 8% menor que en 2010, a su vez 15% inferior que el de 2009“. Creo que me quedo corto si digo que estamos hablando de migajas.

Esta misma mañana escuchaba en En días como hoy de RNE una entrevista a Cristina Ponce, la impulsora del Proyecto Paula. Esta loable iniciativa ha conseguido recaudar la nada despreciable cantidad de 7.000 euros para que el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia vuelva a contratar durante cuatro meses a una científica que investiga la diabetes, enfermedad que padece su hija. “Dan para tres o cuatro nóminas, que por cierto, tampoco es un dineral lo que cobra la investigadora”, acierta a decir Juan Ramón Lucas. Concretamente, 1.750 euros brutos. “¿Y después?”.

Si seguimos transmitiendo la idea de que la ciencia y la investigación depende de la caridad de gente voluntariosa, y no de valientes políticas de inversión estatal y de científicos bien pagados, vamos a acabar rezando para tratar de curarnos el cáncer.