Todos somos candidatos a sufrir de dependencia

Durante la mañana de este domingo, en torno a un centenar de dependientes y sus familiares han dado muestra de su apoyo a las empleadas de Acasa, la concesionaria del Ayuntamiento de Jerez para el servicio de asistencia a domicilio.

En la jornada se vivieron momentos realmente emotivos que no hacen sino dar la razón a los que apostamos por el que es un verdadero progreso social: ayudar a quienes más lo necesitan.

Sin embargo, las trabajadoras vienen sufriendo constantemente impagos en sus nóminas, bien por la mala gestión municipal o por los retrasos en el envío de las partidas desde la Junta de Andalucía.

Precisamente los que no se pueden mover hicieron acto de presencia para reivindicar un derecho que es suyo, y que no están recibiendo porque a las empleadas no les queda otra que seguir acampadas y en huelga hasta que les paguen. A ver si hay suerte y este lunes se traen un acuerdo de compromiso de Sevilla.

El obispo de Jerez, sobre la acampada de dependencia: «Aquí no se está muriendo nadie de hambre»

Me despierto con la noticia de que las auxiliares de ayuda a la dependencia en Jerez, que llevan desde principios de semana acampadas para exigir el cobro de las cuatro nóminas que les deben, han decidido seguir adelante pese al frío.

Gracias a Dios, según recogen algunos medios locales, la plantilla «ha recibido la visita del obispo de Asidonia-Jerez, José Mazuelos», que  se ha acercado «a la puerta del Ayuntamiento para hablar con las trabajadoras de Acasa».

Lo que no recogen esos mismos medios, ni ningún otro, es que Mazuelos acudía a una reunión  para pedirle al Gobierno Local que asuma el coste de los palcos de Semana Santa.

Gracias al hombre existen las redes autocomunicativas, y a través del blog de uno de los afectados uno se entera de que el obispo de Jerez considera que «aquí no se está muriendo nadie de hambre». Pero, en todo caso, ofrece el comedor de El Salvador por si alguien tiene «una necesidad extrema».

«No salimos ni en los periódicos. Sale todo el mundo menos nosotros», se le oye decir a una de las acampadas. «Mañana vais a salir, con el obispo», le responde en tono burlón. Y vaya si salieron. Otra cosa es que fuera como ellas esperaban.