México lindo y las maravillas del teletrabajo

Poco más de un mes después de haber llegado a México, el balance no puede ser más positivo. No todo iba a ser malo para los autónomos como yo: Seguridad Social, IRPF, IVA; que sí, pero la libertad que te otorga el ser tu propio jefe te permite ciertas licencias. Como por ejemplo, acompañar a tu pareja en una estancia académica internacional mientras sigues trabajando a distancia.

Desde el pasado mes de julio, ocupo el puesto de responsable de comunicación, edición web y social media de Plus Europe, una asociación europeísta radicada en Barcelona. De una primera colaboración puntual como fue la realización del vídeo de la Second Plus Europe en Bruselas, he pasado a prestar mis servicios como profesional para ellos de forma estable. Y, como el teletrabajo fue desde el principio nuestra única opción -hasta hace poco seguía viviendo en Sevilla-, cruzar el charco tan sólo suponía el inconveniente soslayable de la diferencia horaria. Nada que no se pueda solucionar con herramientas como Hootsuite.

He de confesar que, cuando comencé a estudiar mi máster en Estudios Europeos en la Universidad de Sevilla, tenía ciertas dudas acerca de si acabaría realmente trabajando en algo relacionado con el periodismo y las relaciones internacionales, como era mi propósito. Nada más lejos de mi realidad actual. Desde entonces, mis visitas al extranjero se han multiplicado: Bruselas (primero con el máster y luego con Plus Europe), Londres, el sur de Francia, y ahora México. Con todo un océano de por medio. Y no sólo eso: gracias a mi labor en la asociación pude incluso concertar, antes de cruzar el charco, varias reuniones entre responsables de Plus Europe y algunos de mis antiguos docentes y ponentes del máster.

Desde México estoy prestando también servicios como redactor y community manager para Bloonde, una empresa de diseño, desarrollo web y de aplicaciones con sede en Sevilla. Incluso sigo escribiendo para mi blog de exiliado jerezano Desde la Frontera, del periódico digital Más Jerez. Y puede que mi lista de actividades se incremente pronto, quizá antes de mi vuelta a Sevilla. Quién me iba a decir hace unos meses, cuando andaba buscando patrón, que no hay jefe de mayor rango que uno mismo, y que iba a trabajar más para España desde el extranjero que desde mi propio país.

Foto: Cabeza olmeca en el Museo de Antropología de México | Paula Velasco

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#GraciasFACUA

Tras casi tres años de intenso desempeño profesional en FACUA, comienza un nuevo ciclo para mí. Mi dedicación en la lucha contínua por la defensa de los derechos de los consumidores, que al fin y al cabo somos todos, ha visto hoy su fin. Me alegro de haber tenido la oportunidad de trabajar codo con codo con el que probablemente sea el mejor dircom de España, Rubén Sánchez, y de haber participado junto a mis compañeros en algunas de las más ingeniosas estrategias de comunicación impulsadas por una asociación de consumidores, como la iniciativa Lucha contra los abusos, los premios a La Peor Empresa o el #apagón30D.

FACUA es una organización necesaria, un contrapoder que, de no existir, habría que inventarlo. Y así lo hizo hace más de 30 años ya un grupo de activistas encabezado por Paco Sánchez Legrán, una de las figuras más destacadas en la lucha por los derechos sociales de este país. En mi mochila quedan guardadas todas y cada una de sus reflexiones compartidas conmigo durante este tiempo. Me voy con la espinita clavada de no haber sabido darle forma a una merecida memoria histórica de la asociación, aunque no hay duda de que algún día saldrá adelante.

En FACUA he aprendido a valorar el esfuerzo que cada día le ponen millones de personas para intentar hacer de éste un mundo mejor. Y que los colectivos sociales necesitan tanto de los medios de comunicación como estos de la sociedad civil. Ahora me toca saltar al otro lado y dejar de ser fuente para tratar de ser quien las escuche y les de voz. Nadie ha dicho que sea fácil. Pero habrá que intentarlo.

Tres reflexiones sobre periodismo desde detrás de la cámara

Una de las declaraciones más destacadas del vídeo que Paula Velasco y yo hicimos ayer para ilustrar la protesta de los periodistas sevillanos por un #periodigno es la del fotoperiodista Luis Serrano. Es, además, la pretendidamente más larga, porque creo que el colectivo de los periodistas gráficos es uno de los que más tiene que decir en esta crisis de crisis que vive el periodismo. “A vuestra situación, de todos nosotros [los periodistas], pues aún peor: sin papeles”, como él mismo recordó este sábado.

La democratización de la fotografía y el avance de la tecnología han supuesto que todos podamos llevar encima un aparato con el que tomar imágenes de manera bastante decente. Pero subir a los altares de la profesionalidad una foto hecha con un móvil es tan aberrante como considerar periodista a cualquiera que tenga un boli Bic y una Moleskine.

La crisis del periodismo es la crisis de los plumillas y de los foteros, pero sobre todo, es la crisis de unos editores y empresarios que eligieron la economía por encima de la calidad. Dudo de que haya vuelta atrás, pero por si acaso, el documental Reinventando el fotoperiodismo (2012), de Roger Lleixà, deja entrever las causas de la nefasta situación actual, y algunas claves no mal encaminadas a recuperar el prestigio perdido.

«La información corre muy rápido, y si a los medios para los que trabajamos nosotros les llega una fuente de información, que además es gratuita, y que en algunos casos, o en muchos de los casos, estaban en el momento de la noticia… ¡claro! […] No sé cómo les podemos decir que no lo utilicen».

Marc Martí (Diari de Girona)

«Tiene que haber una persona que es la que marca la frontera de lo que es publicable y lo que no es publicable. Si es publicable, aquí entramos en una segunda parte: se tiene que pagar igual, como si fuera un profesional. Porque a la utilidad de aquella fotografía tú le estás dando un uso profesional».

David Airob (La Vanguardia)

«¿Una empresa puede aceptar regalos? No lo sé. Siempre se había dicho que no. Pues ahora estamos aceptando muchos regalos que la gente considera que no son regalos. Porque yo considero que si un trabajo está hecho, hay que pagarlo. Si no, es un regalo».

Jordi Ribot (Click Art Photo)

Si los medios tuvieran que pagar por cada foto que publican de un ciudadano; por cada información que les remite un gabinete de prensa; por cada texto de un becario que no dudan en llevar a portada; o por cada estudio sesgado que realiza gratis una oenegé o una empresa, a lo mejor se empezaban a plantear que es mejor contratar a un profesional.

El respeto al lector de Enric al citar a las fuentes

Leo con preocupación el relato que Enric González, desde Jerusalén,  hace sobre la masacre que está cometiendo el Gobierno sirio sobre su pueblo. Y llegado el séptimo párrafo, pego un respingo y me abstraigo, como lo hace el cirujano ante la vida del paciente que tiene entre manos, para quedarme sólo con el método.

Atentos a la forma que tiene el maestro Enric para citar a las fuentes (las negritas son mías):

Una fuente de Hezbolá en Beirut, simpatizante de Bachar el Asad pero habitualmente bien informada sobre la crisis siria, definió el bombardeo como “un hecho lamentable pero provocado por los propios rebeldes”. Esa fuente explicó que durante el viernes se sucedieron las operaciones de hostigamiento contra posiciones del Ejército dentro de Homs, y que las fuerzas rebeldes del llamado Ejército de la Siria Libre, compuesto principalmente por desertores, lograron secuestrar a más de una docena de soldados. Eso habría provocado, de acuerdo con esa versión, una “reacción furiosa e incontrolada” por parte de las tropas gubernamentales apostadas en las afueras.

No encuentro forma mejor de poner en situación al lector que ésta. Oculta lo básico y sintetiza el contexto para, finalmente, insistir en la presunción de la versión. Una muestra magistral más del respeto por el lector que se está perdiendo con el periodismo de rumore, rumore.

¿Es la guerra contra el terrorismo una guerra tradicional?

Es bastante bien cierto que mi desconocimiento hacia ciertos aspectos del mundo es total. Siempre he dicho, a modo de definición de mis recursos culturales, que «sé un poco de todo y mucho de nada».

Nunca me ha gustado releer un texto mio, pero desde que me conciencié acerca de las prácticas periodísticas que, en un futuro ya casi inmediato, me veré obligado a realizar, releo mis textos con mayor rigor. En el caso que ahora me ocupa, el tema central de mi contribución práctica era acerca de la República Islámica de Afganistán. Entonando el mea culpa, he llegado a la conclusión de que el principal fallo del discurso radica en haber tratado un tema tan trascendental sin contar con una base científica del área de conocimientos de la asignatura, extrapolando lo que realmente se pedía hacia una vaga respuesta, en lo que resulta algo similar al artículo de opinión, tan divagante siempre.

Hay tantas películas por ver, tantos libros por leer, tantos paisajes por vislumbrar, tanta música por escuchar, tantos tantos que uno se abruma cual lobo estepario. Como dice Juan Prieto en Bajo las sábanas: «Tanto por hacer, tantos deberes».

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