Posts Tagged ‘Periodista’

Mi tabloide (metablog)

Como este último fin de semana me lo he pasado en la cama sudando el resfriado, he tenido ocasión de pegarle un lavado de cara al blog. La novedad más visible está en la barra lateral, que en lugar de mostrar mis últimos tuiteos en primera instancia, ahora detalla algunos de mis perfiles en las redes sociales.

Sin embargo, el mayor cambio no está tampoco en el título de la bitácora, que a partir de ahora se llama Aprendiz de todo. Hasta mi propia madre me cuestionó que el anterior Maestrillo de nada fuera oportuno para que cualquiera que no me conozca se lleve la imagen correcta de mí. Es por eso que, con cambio de denominación, el concepto del blog ha tornado también hacia un enfoque más profesional.

Acerca del autor y Currículum vítae son las pestañas que ahora encabezan de forma tan poco original esta página. La primera de ellas tiene más de currículo narrado que de autobiografía, aunque elaborarlo me ha obligado a hacer balance de la etapa madura de mi vida. Por ahora me va bien, pero siempre es bueno tener la escopeta cargada para disparar cuando la ocasión se ponga a tiro.

05

03 2012

Como una esponja periodística

Tengo un privilegio del que, me consta, no adolecen mis compañeros de promoción: soy un adicto al Facebook. Y como tal yonki, pululan por mi perfil mi familia, la familia política, mis amigos (sí, de esos que hay que tener cerca también) e incluso profesores. Pero sobre todo tengo periodistas.

A estos últimos les he dedicado ya más de un elogio, y cada día se encargan de demostrarme cuál es el mundo en que vivo, que paradójicamente no es el que ellos mismos muestran en los medios. Y en un gesto más de mi afán por empaparme de su sabiduría, me gustaría reclamar su atención una vez más.

El verano es largo, y aunque voy a estar muy ocupado, no me canso de repetir que cuando más voy a estudiar será cuando termine la carrera. Por ello, me gustaría que todos, periodistas, compañeros, profesores y alumnos, perros y gatos, me recomendaseis las que consideréis las mejores lecturas que pueden hacerse en materia de periodismo.

Empiezo yo. Mi último gran descubrimiento fue El periodista universal, de David Randall, que conseguí leerme entre mis escasos viajes en autobús (Sevici ha hecho mucho daño al afán lector de los sevillanos). Es un libro muy ameno, escrito con ironía y mucho humor inglés. Presenta casos reales ocurridos tanto al propio Randall como a sus coetáneos, e incluso a periodistas de otras eras. Y algo que me encanta: prescinde de toda teoría para abordar de lleno la práctica. De hecho, si esta nueva petición en mi bitácora carece del efecto deseado, tiraré de su epílogo, donde recomienda otros libros que a él mismo le fueron útiles.

Si de algo sirven las redes sociales es para establecer contactos y nutrirse de ellos. No sé si es que han desaparecido los bares, o si las asociaciones de periodistas carecen del potencial que en su día pudieron tener, como me apunta alguno. Pero sé que existe Facebook, Twitter y cuantas herramientas nuevas quieran aparecer. Y gracias a ellos os va a llegar esta petición.

30

06 2010

Aperiodístico

Ya es patológico: soy un aprensivo. Si en mis dos docenas de años de vida no había encontrado todavía defecto alguno en la contemplación del flujo sanguíneo, los últimos sucesos me invitan a pensar que ahora sí, y que puede que no me conozca ni a mí mismo.

“Ve olvidándote de irte a la guerra”, me decía una doctora, “y ve pensando en dedicarte a los cotilleos”. Por fortuna, soy el primero que se ríe de sí mismo, y no encuentro mal alguno en que los demás también lo hagan. Y tras la risa viene la reflexión (¿por qué me río?).

Me río porque he tenido que sacrificar mi formación académica por el bien de unas prácticas, y porque he tenido que topar con los exámenes para poner sobre el papel lo que ya elucubraba en mi cabeza. Y hablando de ésta última, río. Río, porque he necesitado de un buen testarazo para caer en la cuenta de que en mi orden de prioridades no estaba la salud. He aguardado a terminar unas prácticas, a empezar otras, y a cerrar todo un periodo de exámenes para caer en la cuenta. Y ha sido el sentimiento de culpa el que me lo ha recordado.

“¿Por qué has tardado tanto en venir?”, dijo el médico, de mi rodilla. “¿Fue hace cinco, o hace seis años cuando me hice mi último análisis de sangre?”, lanzaba yo también al aire, sin atisbo de adivinarlo. Doce fueron los días, dos por cada examen que tuve que afrontar por mor de no haber asistido a clase. Uno por mi cabeza, y otro rato no haber echado cuenta a tiempo a mi rodilla. Y una cuasi religiosa culpa se cierne sobre mí por no poder ser suficientemente periodista, y por no ser del todo Juan. “Puedes entrar en una espiral de dejar de publicar”, me dicen. Y no quiero.

“No me pienso coger prácticas ya hasta que no termine”, dicen algunos de mis compañeros. Y les envidio cuando les oigo decir que quizá no seguirán al día alguna asignatura porque requiere de demasiado tiempo. “¿Cuánto habré de dedicarle yo, si no quiero presentarme a examen?”, me cuestiono entonces. Quizá la de mis compañeros es la única forma de poder demostrar a posteriori la valía periodística de cada uno, a tiempo completo. Puede, pero en contra pesan los dos años que una mayoría de compañeros establece como mínimo para dar con algo que sea distinto de unas prácticas. Al menos, si son dos, prefiero que se solapen con la Universidad, y quién sabe… “¡Ah!, pero ¿esperas quedarte?”, me dice otra amiga.

Esta mañana he notado mis pómulos más marcados. No creo que aprensivo sea la palabra adecuada para definirme, máxime cuando con uno de mis dobles sentidos podría llegar a tener el significado de aperiodístico. Más bien soy empático. Sólo que a veces, como hoy, intento empatizar conmigo mismo.

18

02 2010

El hombre hipertextual (parafraseando a Galiana)

Una opinión en exceso subjetiva me definía tal cual sigue: “Nario es ante todo, persona. Por mucho que reniegue del arte, trabaja en distintos campos de éste”. Y con opiniones así, uno no tiene otra cosa que hacer que dedicarse a explorar y explotar todos esos campos, y declararse como ferviente seguidor del concepto abstracto de la subjetividad.

Una idea más concreta sería definirme como estudiante de Periodismo por vocación y tecnófilo por inercia. Tiendo a pasar tantas horas al día en el ordenador como cualquier aspirante a escritor, periodista, fotógrafo o músico se pasaría si tuviera el recurso perpetuo de una tirada infinita, una rotativa instantánea, una galería inmensa o una casa discográfica, de forma respecitiva. Como fiel ingenuo de la idea del progreso colectivo, utilizo licencia Creative Commons para todo el material que publico, ya sea en texto, en audio o en fotografía.

Soy aficionado a la fotografía por contagio sentimental, y apasionado a ella desde la adquisición, en junio del 2008, de una Nikon D40. Con ella, con sus 18-55 y 55-200 y con sus escasos conocimientos técnicos, disfruto poniendo caras a los rincones de la urbe que oso retratar. Considero mis SD como carretes digitales, por lo cual trabajo en RAW con UbuntuStudio, Gimp y UFRaw, aunque cuando no tengo más remedio utilizo también herramientas privativas o comerciales.

En cuanto a la música, mi actitud frente a ésta ha supuesto la merma de la creación con el consiguiente provecho como consumidor: me he reinventado como consumidor de cultura musical al erigirme como coleccionista de elepés de vinilo. Una labor a medio camino entre el goce físico y espiritual de lo intangible y la disciplina cuasi religiosa del bibliotecario. No descarto seguir componiendo en un futuro próximo; lo que sucede es que, si yo fuese un floyd, sería Roger Waters, y aún no he dado ni con mi Barrett ni con mi Gilmour.

Además de tantas y tantas cosas de dudoso provecho, me considero también un diógenes digital. Desde que, de pequeño, descubriese el placer que uno encuentra en desmontar y montar las radios averiadas, no hago otra cosa que acumular tantos productos tecnológicos que terminarán por acabar con mi espacio vital. En Guiyu (curiosa la analogía previa e involuntaria del nombre), la ciudad china donde va a parar el grueso de los desechos tecnológicos mundiales, salvo por el cáncer, yo sería feliz. Como me pilla lejos, me conformo con cosas como un Macintosh Centris 650 o un Toshiba 3100, así como con un tocadiscos japonés de marca desconocida. Por supuesto, como dije en cierta ocasión, se aceptan donativos.

Escribo, y mucho, por aquí. También publico en Retablos, una plataforma de promoción de fotógrafos surgida de un grupo de alumnos de la Facultad de Comunicación de Sevilla. Tengo previsto también rescatar una idea surgida hace tiempo: un blog colectivo de crónicas y fotografías de conciertos. Los horizontes de las praderas cibernéticas no son infinitos, son incontables. Y me encanta.

Publicado originalmente como solapa para este blog.

28

02 2009