Posts Tagged ‘Unos’

Sufribús

Hace tiempo que no lo hacía, pero me gusta viajar en bus. Para ir a Madrid desde Sevilla sólo hay tres opciones si no quieres tirar de lo privado: AVE a 83,30 euros por trayecto, avión por 198 y el Socibús, al que un buen amigo llama ingeniosamente Sufribús.

Hasta ahora, en mi corta experiencia he podido probarlas todas, casi por tierra, mar y aire. Pero siempre con truco: por raíl con ofertas web y estrella, en bus a pelo, y sobre vuestras cabezas hasta llegar al Jerez de mis amores gracias a Ryanair, para pisarlo unos 15 minutos y desplegar las velas después hacia Híspalis en un regional de Renfe.

Viajar con descuento te recuerda por qué no pagas por el precio completo. Las hordas de sevillanitos de pelonido del AVE, vociferantes celular en mano, son equiparables a una legión de seguidores de un triunfante Rayo en avión. Sin embargo, el bus es honesto.

No hay trampa ni cartón: cuesta 20 euros porque el viaje es una paliza de seis horas, y cuesta 20 euros porque Socibús ostenta el monopolio del low cost sobre ruedas. Coges el bus a la una de la madrugada y tratas de dormir como puedes para poder llegar, ducharte y rendir bien en el trabajo. Por eso a ninguno de los trabajadores españoles, de origen africano, asiático o sudafricano, ni a los jóvenes estudiantes que ocupan plaza aquí, se les ocurriría romper a gritar por un Iphone o a celebrar la victoria de equipo alguno. Será que el respeto ni se compra ni se vende.

17

01 2011

‘Parrhesia’

Apenas cuatro frases –unos escasos fragmentos de Eurípides, Isócrates, Demóstenes y Polibio– nos dan a conocer una virtud –también escasa– que los antiguos atenienses reclamaban como necesaria para el sostenimiento de la democracia: la parrhesia. Mientras que la isegoria era un derecho –el derecho a la igualdad en el uso de la palabra–, la parrhesia era algo más: una virtud, la virtud de atreverse a usar la palabra para decir la verdad. Cuando la democracia se tambalea por falta de parrhesia en la misma ciudad en que nació, es momento de reflexionar sobre el sentido de estas antiguas voces.

Hace unos días, el eurodiputado de los Verdes Daniel Cohn Bendit habló con inusual parrhesia ante el Parlamento Europeo:

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Ojalá pudiera decir que periodismo tiene su raíz en parrhiodismo. Gracias a Pedro Olalla por traducirlo y a Miguel González Quiles por compartirlo.

27

05 2010

“Así luego nos luce el pelo”

Desempleo constante sin sufrimiento persistente

CÁDIZ, España — Más allá de la luz rosácea del Atlántico y de la distinción de ser la ciudad más antigua de Europa, este puesto de avanzada andaluz es más conocido por dos cosas: su famoso carnaval, que concluye el lunes después de dos escandalosas semanas, y su desempleo crónico.

Ambas fueron vívidamente expuestas durante una reciente tarde lluviosa, cuando un grupo de músicos ambulantes llamados “Empiezo el lunes” cantaban a voz en grito en una “chirigota” una canción satírica. La multitud brindaba, bebida en mano, mientras el grupo cantaba acerca de un ángel que el narrador tenía en el hombro diciéndole que “creciera” y buscase trabajo, mientas un demonio en el otro le decía: ¿Qué más da? Diviértete.

La canción explica mucho acerca de la situación de Cádiz, al sur de España y justo al norte de Gibraltar. La falta de trabajo ha llegado al 19% en España, el porcentaje más alto en la eurozona, tras el colapso de la burbuja inmobiliaria. Pero aquí en Cádiz, llega a un asombroso 29%, y lleva décadas establecido en los dos dígitos.

En otros lugares de Europa, unos números tan altos conducirían hacia profundos disturbios sociales. Pero no en Cádiz. Aquí, como a lo largo de todo el Mediterráneo, la vida prosigue de forma extrañamente cómoda a pesar de las dramáticas estadísticas, gracias a una compleja red de ayudas en la cual la economía sumergida, el apoyo familiar y los subsidios del gobierno aseguran un nivel de vida relativamente alto. Continúa…

Por RACHEL DONADIO / 21 de febrero de 2010

Rescato el artículo del New York Times que, cierto día, alguien tuvo a bien colgar del tablón de la sala de descanso de la redacción de El Correo. La traducción es libre, y quien lo desee -”perdón que no me levante“-, puede acudir al artículo original (en inglés).

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23

03 2010

No one told you when to run (Pink Floyd)

No escatima uno en tiempo a la hora de perderlo en horas de estudio, y para muestra, valga este artículo. La cuestión es que, como el actual Gobierno de la nación, evito pensar en un determinado espacio de tiempo para hacerme a la idea de que vendrán tiempos mejores, y que lo que para unos es el 2009, para mí es el presente período de exámenes.

Dicen que la crisis propicia las oportunidades, y parece que hoy yo esté lleno de ellas. Como si en un foso de arenas movedizas me encontrase, cargan para ahondar en la oscuridad del desencanto de una carrera que tan sólo deja de gustarme en determinadas fechas. No prescindo de autocrítica, sino que, como el mismísimo Gobierno, elido vociferarla (y J’Accuse…!: es el sistema académico, es la Generación X, es la decadencia de Nietzsche).

Pero la verdad es que es todo y nada de eso. La llegada, por fin, del día 13 de febrero supondrá la acogida ostentosa de montañas de libros entre mis manos, sucesivos visionados de películas en blanco y negro, consecuciones de merecidos viajes pospuestos y las horas muertas catalogando vinilos; todo, todo todo, sin el particular sentimiento de culpa que ahora me abruma, y que como la fotografía de guerra o el dolor físico, se hace tan necesario.

Por desgracia, mi imaginación es el analgésico más fuerte que atenta contra mis sentidos, y en lugar de estar estudiando, me dedico a proyectar en mi mente cómo quedará maquetada tal o cual canción a medias, dónde habré de buscar los concursos de fotografía en los que presentarme, cuántos relatos cortos habré de escribir para ser como Capote, pero sin su cojera, o qué habré hecho yo para ser como soy, y que encuentre placer tan grande en recuperar equipos viejos y adaptarlos a la actualidad.

A veces me acecha la vena sedentaria, y la analgesia me sugiere ideas: un pub con música en directo, una tienda de discos de segunda mano, quizá montar un club de reliquias informáticas o una pequeña sala de proyección de clásicos de cine. De entre tanta profesión de muerto de hambre, gana siempre la de bibliotecario: olor a viejo, acceso pleno a la cultura, sueldo y puestos fijos.

Me encanta el tira y afloja por el cual se rige la incertidumbre que tengo por timón de vida. Dejaré una huella aquí, chicos, no estoy dispuesto a marcharme sin hacerlo. Mientras tanto, clavaré mi hocico en la maldita celulosa entintada.

03

02 2009