Emir Kusturica: La histeria de Yugoslavia

11851085 (1)

La historia reciente de la antigua Yugoslavia está teñida de rojo. En el transcurso del pasado siglo, la omnipresencia del mariscal Josif Broz Tito en la vida pública y privada de los yugoslavos vino a cicatrizar una herida, infligida al inicio de la Segunda Guerra Mundial, que más tarde volvería a abrirse de forma flagrante. El paso del color rojo político trajo de nuevo —si es que alguna vez se fue— al rojo sangre, el color característico de los lamentados odios étnicos, religiosos, territoriales e individuales.

Pero el rojo es también el color de la pasión desatada por el mestizaje de los pueblos que se han dado cita, hasta hace menos de una década, en un país que fue y que ya no es. Uno de los exponentes más conocidos de esa pasión autóctona es el director de cine Emir Kusturica.

Nacido en Sarajevo (hoy capital de Bosnia y Herzegovina) y serbio por herencia familiar, el prestigioso director ha optado por el uso del cine como canal de denuncia de la situación presente y pasada del que él considera aún su país, Yugoslavia, con el fin de exponer al mundo el desconcierto de la deriva en la que se encuentra enfrascada la turbulenta región de los Balcanes.

Para ello, emplea a menudo recursos narrativos, estilísticos y visuales muy alejados de los cánones del cine occidental. Destaca especialmente en este aspecto el llamado realismo mágico, tan propio de los escritores sudamericanos, que él logra plasmar en algunos de sus filmes para introducirnos en un mundo a veces incomprensible. Kusturica parece pretender hacer suya la célebre cita de Picasso: “El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad”.

El presente trabajo fue presentado como proyecto final para la asignatura Relaciones Internacionales de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Sevilla, impartida por Eulalia Petit. Como tal fue presentado el 31 de diciembre de 2008, y no fue calificado hasta el pasado 9 de enero. El texto supone un adentramiento en la particular visión del director yugoslavo Emir Kusturica acerca del conflicto balcánico, para lo cual se abarcan determinados títulos dentro de su filmografía que cobran especial relevancia a la hora de narrar la confusa historia de Yugoslavia. Las películas analizadas son las siguientes:

  1. Guernica (1978)
  2. ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (Sjecas li se Dolly Bell, 1981)
  3. Papá está en viaje de negocios (Otac na sluzbenom putu, 1985)
  4. El tiempo de los gitanos (Dom za Vesanje, 1989)
  5. Underground (1995)
  6. Gato negro, gato blanco (Crna macka, beli macor, 1998)
  7. La vida es un milagro (Zivot je Cudo, 2004)

La multiplicidad de detalles que albergan los siete títulos dificulta la aprehensión de conceptos clave muy presentes, un motivo por el cual puede llegar a elidirse en ocasiones el mensaje intrínseco de cada pieza. El principal cometido de Emir Kusturica: La histeria de Yugoslavia no es otro que el tratar de arrojar luz sobre las carencias conceptuales y relativas que puedan surgir del visionado de la filmografía de este peculiar director.

Espero que disfruten de este proyecto tanto como yo lo hice escribiéndolo.

¿Es la guerra contra el terrorismo una guerra tradicional?

Es bastante bien cierto que mi desconocimiento hacia ciertos aspectos del mundo es total. Siempre he dicho, a modo de definición de mis recursos culturales, que «sé un poco de todo y mucho de nada».

Nunca me ha gustado releer un texto mio, pero desde que me conciencié acerca de las prácticas periodísticas que, en un futuro ya casi inmediato, me veré obligado a realizar, releo mis textos con mayor rigor. En el caso que ahora me ocupa, el tema central de mi contribución práctica era acerca de la República Islámica de Afganistán. Entonando el mea culpa, he llegado a la conclusión de que el principal fallo del discurso radica en haber tratado un tema tan trascendental sin contar con una base científica del área de conocimientos de la asignatura, extrapolando lo que realmente se pedía hacia una vaga respuesta, en lo que resulta algo similar al artículo de opinión, tan divagante siempre.

Hay tantas películas por ver, tantos libros por leer, tantos paisajes por vislumbrar, tanta música por escuchar, tantos tantos que uno se abruma cual lobo estepario. Como dice Juan Prieto en Bajo las sábanas: «Tanto por hacer, tantos deberes».

Read More